Aquellos Misterios del Rosario se habían cantado por primera vez cuatro años antes, en 1965, durante el traslado del Simpecado a la Parroquia [1] como antesala de la Novena. Gines vivía por entonces una efervescencia devocional que iba a encontrar en la música y el cante sus mejores vehículos de expresión.
En este contexto se publica en 1966 (tres años antes de la grabación del Rosario), el libreto «Cantando en El Rocío. Sevillanas rocieras de la Hermandad de Gines», una recopilación de coplas a la que el tiempo no ha hecho demasiada justicia, a pesar de encontrarse en los mismos orígenes de los cantes de Gines y de ser, quizá, el primer intento ordenado en nuestro pueblo de hacer sevillanas de una manera singular y con unas características especialmente definidas.
Editado por la Hermandad del Rocío, el libro, que consta de un total de 40 páginas, venía presentado por un prólogo firmado por el sacerdote Francisco Gil Delgado, que tanta buena memoria dejó en Gines. En aquellas líneas iniciales quedaba claro que «Gines no se ha preocupado nunca de acuñar derechos de autor. Algunas de sus sevillanas andan de boca en boca como feliz patrimonio común». Por el contrario, la intención del libro era otra, ya que, según el propio don Francisco, «no pretende más que estas tres cosas: honrar a la Virgen; contribuir a expandir más y más el áurea rociero; y rendir un tributo de admiración y servicio a todas las demás Hermandades».
En total, se recogían 91 letras divididas en 10 apartados denominados así: Misterios Gloriosos por sevillanas (recogidos aquí en su versión inicial), Al Divino Pastorcito, Gitana marismeña, Noche bendita de Gelo, En el camino, Noche grande de Palacio, En El Rocío, A la Virgen por sevillanas, Cantando penas y sevillanas de la esperanza, y Otras sevillanas.
Algunas de las composiciones incluidas todavía siguen sonando en los labios del pueblo. Ahí están temas como «Collares de carretas cruzan carriles», «Ya viene entre la gente mi Mare Buena» o «A la Blanca Paloma le dijo el viento».
Aunque se presentaba fundamentalmente como una recopilación de cantes populares, las plumas las pusieron Alfredo Santiago López, Crescencio Pérez Pabón, Juan Antonio Hurtado Díaz y José Luis Montiel Hurtado. Este último recuerda que la iniciativa partió del propio prologuista, don Francisco Gil Delgado, que había sido coadjutor de la parroquia de Gines unos años antes y que seguía manteniendo un fuerte vínculo con el pueblo. Fue así como «Don Francisco le sugirió a Alfredo Santiago hacer una recopilación de las sevillanas de Gines. Alfredo fue el que hizo las gestiones y contactó conmigo, que estaba por entonces estudiando Teología en Comillas, para pedirme que hiciera algunas letras de sevillanas para incluirlas. Hubo que hacerlas muy rápidamente, fue un librito de urgencia».
José Luis Montiel destaca la novedad que suponía aquella publicación, que significó un cambio en el tipo de letras que solían cantarse por entonces y que «representaba un poco la tendencia que siguió más tarde», porque «ahí empezó esa tendencia» de letras más profundas y de mayor cariz religioso.
Esta indudable religiosidad que respiraban aquellas composiciones queda patente en las primeras páginas de aquel librito de coplas, donde se reproducía una imagen que sin duda había impactado fuertemente a los rocieros de Gines en aquellos años. La fotografía, del año 1963, recogía la entrada en el pueblo de la carreta del Simpecado tras completar su camino de vuelta, luciendo en su delantera una instantánea de Papa Juan XIII, fallecido apenas dos días antes.
La publicación, de la que se vendieron no pocos ejemplares, tuvo incluso su eco en la prensa sevillana de la época. Así, el diario ABC señalaba que «la inspiración de estas sevillanas es completamente popular, con todas sus virtudes y defectos», por lo que «las sevillanas que se contienen en ella se harán de fácil manejo para los rocieros en los caminos de la Marisma». Por su parte, El Correo de Andalucía indicaba que «por su módico precio y el valor literario que encierra esperamos tenga una favorable acogida».
Sesenta años han pasado de la publicación de aquel libreto para la historia de los cantes de Gines, una de las principales semillas que germinaron con los años en una de las grandes señas de identidad de nuestro pueblo.
José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026
[1] El Correo de Andalucía 26 de mayo de 1965.
