Son infinidad las mujeres que han construido, a lo largo de los siglos, la historia de la Hermandad Sacramental de Santiago de Castilleja de la Cuesta. Seguir su rastro resulta, en la mayor parte de los casos, una misión imposible si tenemos en cuenta que, hasta hace relativamente poco tiempo, la suya ha sido una labor presidida por la discreción y el trabajo silencioso que no aparece en los papeles.
[1] Archivo de la Parroquia de Santiago y PurÃsima Concepción de Castilleja de la Cuesta (APSCC). Bautismos.
Hoy nos detenemos en uno de los pocos casos en los que es posible seguir, al menos en parte, esa trayectoria en el seno de la hermandad. Hablamos de doña Dolores Cabrera López.
Hija de José Cabrera Negrón y MarÃa de Jesús López Negrón, Dolores nació el 15 de febrero de 1845 en Castilleja, bautizándose sólo dos dÃas más tarde en el templo parroquial de Santiago [1]. Se casó el 26 de octubre de 1868 con Felipe Oliver RodrÃguez, diez años mayor que ella y de oficio arriero.
Las huellas de su enorme entrega a la hermandad nos han llegado gracias a dos documentos elaborados por ella misma y que se conservan en el archivo histórico de la corporación santiaguista. Se trata de dos cuadernillos en los que se recogen, de una parte, sus muchÃsimas donaciones a la hermandad, y de otra, una gran cantidad de coplas compuestas por ella y dedicadas en su mayor parte a diversos aspectos relacionados con La Plaza.
El libro de cuentas
El primero de estos documentos, un libro de cuentas y donaciones, se abre con una anotación en la que la propia Dolores Cabrera señala que «el dÃa 15 de septiembre de 1910» puso «un pequeño establecimiento de comestibles y con lo que produjo los comestibles le compró a la SantÃsima Virgen de la Soledad una diadema de plata que le costó 1.000 reales [2]». Es sólo el primer apunte de un sinfÃn de ellos que se extienden a lo largo de 18 páginas repletas de nuevas piezas de ajuar donadas por la propia Dolores Cabrera y de las que podemos destacar algunas de ellas.
AsÃ, «el dÃa 15 de agosto de 1911 sacó en procesión a la misma Virgen con el tÃtulo de Reyes, un escultor le hizo la forma de una señora sentada, llevó 200 reales, y hizo un Niño que llevaba la misma, sentado, llevó por el Niño 300 reales».
Siguieron más donaciones, como «un palio de tisú de plata y galones de oro fino (…), un manto de damasco rosa y blonda de plata entrefina (…) cuatro varas de plata de Meneses (...) un sillón de madera y aplicaciones de plata Meneses, (…) unos zapatos para la misma Virgen de raso blanco bordados en oro por la misma Dolores». Para «el tÃtulo de Pastora» le hizo, entre otras prendas, «un vestido de moaré blanco de seda bordado en seda y oro (…) y una pelliza de astracán de seda blanca con ribetes de raso grana» además de «un buey y una cunita».
De 1912 son «un vestido de raso morado, un rostro del Señor para la Verónica (…) un fleco de oro entrefino para el manto negro de la Virgen de la Soledad (…) y cuatro cordones y 8 borlas de oro entrefino para el palio de la Virgen de Reyes».
De las donaciones de 1913 podemos destacar «cuatro vestidos de gasa de plata para los ángeles del Santo Sepulcro (…) tres respiraderos de madera tallada y dorado (...) una Santa MarÃa Magdalena (...) platear para las cuatro diademas de las MarÃas y San Juan, y la vara del Senatus de los armados», además de «una mula para la Virgen».
Las donaciones continuaron en 1914, anotando Dolores Cabrera no sólo las suyas propias, sino también las de otros hermanos y devotos que ofrecieron gratuitamente sus trabajos y aportaciones ante cada nueva necesidad.
Merece destacarse también su faceta como bordadora, dejando constancia de su trabajo sin ningún ánimo de lucro en el bordado de «cuatro vestidos de raso seda bordado en oro y escama blanca. Tres vestidos a las tres MarÃas y San Juan, bordado en oro. Una bandera blanca de raso de seda bordada en oro. Una de terciopelo negra bordada en oro; dos bandas para las bocinas bordadas en oro; el Senatus de los Armados de terciopelo grana bordado en oro», además de «un vestido de raso blanco bordado en oro para el Niño perdido».
Por si fuera poco, y al margen de cuadernillo elaborado por ella misma, hay constancia también de la participación de Dolores Cabrera como avalista, junto a otros hermanos, del contrato del nuevo paso del Santo Sepulcro con el escultor Antonio Roldán RodrÃguez, firmado el 8 de diciembre de 1912 [3].
El cancionero
Más allá del ingente patrimonio material ya reseñado, Dolores Cabrera nos dejó también un riquÃsimo legado inmaterial en forma de cancionero que firmó bajo el tÃtulo «coplas y versos improvisados».
AsÃ, entre el amplÃsimo abanico de composiciones recogidas por su autora, encontramos coplas de Jornaditas («En un pobre establo / hoy Dios ha nacido / cantemos henchidos / de gozo y placer / al cielo elevemos / himnos de alegrÃa / bendita MarÃa / benditos los tres / Jesús y MarÃa / MarÃa y José»), para la festividad de la Candelaria («Qué divino niño / presentas al templo / rey del firmamento / del mundo también / alegres los cielos / al ver en este dÃa / qué pura es MarÃa / Virgen y madre es»), o para la Asunción de la SantÃsima Virgen, recurriendo en este último caso a la iconografÃa de Nuestra Señora de la Soledad como Virgen de los Reyes, un aspecto que, como hemos visto al referirnos al libro de cuentas, tanto fomentó la propia Dolores Cabrera a través de diversas donaciones a la Hermandad: «Dios te salve, Virgen de los Reyes / Dios te salve, madre del Señor / alegrÃa de todos los fieles / ampáranos por vuestra Asunción».
Haciendo hincapié habitualmente en la cortedad económica de la Hermandad, no son pocas las alusiones en las coplas al incremento patrimonial de la corporación en estos años, como es el caso del mano negro de las Antúnez (1889-1890): «Con nuestra humildad y pobreza / Virgen de la Soledad / qué manto te ha costeado / esta tu pobre hermandad / de oro fino bordado. / MÃrala qué hermosa viene / la estrella que os ilumina / con ese manto bordado / dale salud, madre mÃa, / a los que lo han costeado». En esta misma lÃnea encontramos también esta referencia a la adquisición del paso del Santo Sepulcro (1912): «En tan hermoso sepulcro / va muerto el rey de los cielos / llorando va esa Pastora / tras el Divino Cordero / tan dolorosa señora. / Qué hermosa caja, MarÃa / a tu Hijo le han comprado / los hermanos pobrecitos / entre todos costeado». En este sentido, el compromiso y la fidelidad de los devotos es una constante en los versos: «Esta hermandad es tan pobre / pero muchos los hermanos / piden todo lo que pueden / en poco menos de un año / hacen todo lo que quieren».
En el repertorio no faltan tampoco temas dedicados a Santiago Apóstol, primitivo Titular de la Hermandad («Santiago patrono de España / de esta iglesia glorioso patrón / tu energÃa y valor te acompaña / que venciste a los moros feroz») ni al patriarca San José («En brazos a tu hijo / José venturoso / tan casto y dichoso / ninguno otro fue. / Bendito tu nombre / patrón de la Iglesia / de precepto y fiesta / hoy tu dÃa es»). También tienen cabida otras devociones, como el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen de GuÃa, Santa Teresa e incluso los Reyes Magos, y no faltan tampoco las coplas con claras alusiones a la tradicional dualidad de las hermandades del pueblo.
Aunque imbricadas también de religiosidad popular a través de diversas alusiones, especialmente curiosas resultan las coplas dedicadas a la joven Pepita Pacheco (Josefa Pacheco DÃaz) y a su madre, Pilar DÃaz Marañón, asà como a la marquesa de Loreto, doña Nicolasa del Campo, la gran benefactora de la hermandad en estos años. AsÃ, en recuerdo de la gran reforma del templo santiaguista costeada por doña Nicolasa en 1883-1884 le dedicó estos versos: «con contento y alegrÃa sin igual / a la señora vamos a felicitar / por su noble y generoso corazón / todas cantamos en reunión / ay, qué señora tan religiosa / que ha hecho un templo / para los hijos de este lugar / a Dios pedimos eternamente / lo pase siempre con toda dicha y felicidad».
Más allá de su principal contenido devocional, el cancionero constituye también todo un documento del mayor interés a nivel antropológico, con referencias a temas tan dispares como la Guerra del Rif y la participación en ella de varios jóvenes de Castilleja, la aplaudida gestión del alcalde Eduardo Navarro o el arzobispo de Sevilla fray Ceferino González, que residió en Castilleja en sus últimos años.
Del contenido de una copla fechada en 1912 podemos deducir que la inmensa labor de Dolores Cabrera para incrementar el patrimonio de la hermandad no pasó ni mucho menos desapercibida en el pueblo y que generó incluso algunas crÃticas que, desde luego, no consiguieron desanimarla. A dichos comentarios le dedicó estos versos: «aunque de mà hable la gente / yo no te abandonaré / mientras que viva en el mundo / para ti trabajaré», que continuó después dejando claro su único objetivo: «en todo lo que eche mano / tengo que prevalecer / lo que gano en esta tienda / solo para la Virgen es».
Obvias razones de espacio no nos permiten desglosar más los interesantÃsimos documentos legados por doña Dolores Cabrera López. A su muerte, el 19 de febrero de 1920, cuando contaba con 75 años de edad, nos dejó, mucho más que un rico patrimonio material y una gran cantidad de composiciones en torno a nuestras devociones. El suyo es, ante todo, un legado de amor y fe, un ejemplo de dedicación a la Hermandad y a sus Sagrados Titulares.
José RodrÃguez Polvillo
Archivero de la Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol
Publicado en el anuario 'De Santiago' (Febrero 2026), de la Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol de Castilleja de la Cuesta
[2] En 1910 el Real ya no existÃa como moneda de curso legal, pero se utilizaba popularmente para referirse a 25 céntimos de peseta. AsÃ, 1.000 reales equivalÃan a 250 pesetas.
[3] PRIETO GORDILLO, Juan: 'La hermandad de la Plaza de Castilleja de la Cuesta (1370-2000), Sevilla, 1999. Pag. 267.







