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LA TINTA DE LA MEMORIA

José Rodríguez Polvillo

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Triduo de Agosto de 1976
(Manuel Mateos Vega)
En 2026 se cumple medio siglo de dos citas que se han convertido en imprescindibles en el verano de los rocieros de Gines. Se trata del Solemne Triduo Glorioso en honor a la Virgen del Rocío con motivo de su Asunción a los Cielos y la Velada de agosto. 

Aunque los libros de actas de la hermandad no recogen ningún Cabildo correspondiente a 1976, podemos inferir la fecha de inicio de celebración del Triduo a partir de otros documentos, principalmente las Reglas de 1975, que venían a sustituir a las vigentes desde 1940. 

En la regla número 83 del año 1975 se indica por primera vez que «con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen a los cielos en el mes de Agosto, la Hermandad celebrará triduo, con el rezo del Santo Rosario». 

Estas Reglas, que comenzaron a fraguarse de la mano de una comisión de hermanos creada en septiembre de 1973, fueron aprobadas por aclamación casi dos años más tarde, en el Cabildo General de 29 de agosto de 1975, entrando en vigor a partir de la aprobación, el 29 de septiembre de ese mismo año, por parte del Excmo. Sr. Obispo Auxiliar y Vicario Episcopal de Laicos, don Rafael Bellido Caro. 

Toda vez que la fecha de celebración ya había pasado cuando las nuevas Reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica, el primer Triduo se celebró al año siguiente, en 1976, siendo hermano mayor Gonzalo Pavón Mora y diputado de Cultos Manuel Mateos Vega [1]. 

Como puede verse en la fotografía que acompaña a estas líneas, correspondiente a dicho año y realizada por nuestro añorado Manuel Mateos, para la ocasión se instaló en la ermita de Santa Rosalía un llamativo altar efímero enmarcado en un dosel verde y presidido por el Simpecado de la Hermandad, que se presentó con la imagen del Pastorcito a los pies y con un exorno floral en tonos verdes y amarillos. 

Tal y como recoge la convocatoria, el Triduo se celebró del 12 al 14 de agosto, comenzando cada día a las 21.45 horas y estando oficiado por D. Juan María Cotán. La parte musical corrió a cargo del Coro Virgen del Rocío de Gines, que abrió el primer día con los Misterios Gozosos durante el Rosario y terminó el último con «Lloran los pinos del Coto» («La vuelta del Camino») a modo de despedida. 

En cuanto a la primera velada, se celebró del 12 al 15 de agosto, ambos inclusive, de ese año mismo año 1976, instalándose en la Plaza de Santa Rosalía, tal y como se recoge en una octavilla informativa de la época, la cual deja claro que se trata de la primera edición. En aquel estreno actuaron diversos grupos de la localidad, abriendo cartel Amigos de Gines, que ese año había publicado el álbum «Sevillanas del buen recuerdo», con temas tan emblemáticos como «La buena gente», «Sevillanas de colores» o «La semilla rociera«, entre otros. 

Completaron el cartel los grupos Arte Flamenco, Los Panaderos y Pastorcitos de Gines, proyectándose además la película «Romería del Rocío». Aunque no lo dice expresamente la referida octavilla, muy probablemente este audiovisual fuera obra de Pedro Marcos Bustamante, quien proyectó sus grabaciones del camino durante muchos años en la velada agosteña. La hoja informativa señalaba, para concluir, el «esmerado servicio de bar» y las «tapas selectas» que ofrecía la velada, concluyendo con el anuncio de una «gran buñolada» para el último día. 

Aquella primera velada dejó un beneficio de 40.711 pesetas a la hermandad , lo que supuso el 5 por ciento de los ingresos en ese ejercicio. Aquella quizá tímida acogida fue sólo el inicio de una trayectoria claramente ascendente, llegándose a multiplicar por cuatro los beneficios apenas tres años después. 

Tras los inicios en la propia Plaza de Santa Rosalía, frente a la ermita, la velada pasaría en los años siguientes al paseo Juan de Dios Soto y al patio del colegio Carmen Iturbide, para lo que se pedía el pertinente permiso al Ayuntamiento. 

Medio siglo después de aquellos orígenes, el Triduo y la velada de agosto son ya hitos indispensables en el calendario rociero de Gines, un culto solemne y un acto de confraternidad a los que la hermandad siempre regresa en torno a la festividad de la Asunción de la Virgen María.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026


[1] AHRG. Cabildo General de Elecciones. 31 de octubre de 1975.
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Esta es, a buen seguro, la historia más rocambolesca y disparatada de todas las aparecidas alguna vez en prensa sobre nuestro pueblo. La recogió el 4 de septiembre de 1961 el semanario deportivo «Aire Libre», publicado en Santa Cruz de Tenerife, que tituló la noticia con un lacónico «La gallina doctora». 

El periódico, que además de información deportiva solía ofrecer a sus lectores otro tipo de noticias, muchas de ellas curiosas, aseguraba que «en Gines, en la carretera general de Sevilla a Huelva, vive José Garrido, 37 años, que desde hace 25 está tuerto del ojo izquierdo», indicando que «en los primeros días de agosto el picotazo de una gallina en el ojo invidente tuvo la virtud de devolverle la visión». 

Fue el propio beneficiado quien explicaba así lo ocurrido: «me acababa de levantar de dormir la siesta y salí al corral a echar de comer a las gallinas. Estaba en esa tarea cuando sentí un picotazo en el ojo izquierdo. La gallina se me había acercado por la izquierda, y como por ese ojo no veía, me pudo picar en la misma retina. Sentí un dolor muy fuerte, y cuál no sería mi sorpresa cuando comencé a ver y a sentir unos mareos, ya que hacía mucho tiempo que no tenía visión en el ojo izquierdo». 

José había perdido la visión con 12 años, cuando un amigo le regaló una escopeta hecha con el cañón de una carabina abandonada en el campo. En su relato al semanario, explicó que «estaba cargándola por la boca cuando me explotó. Perdí la vista del ojo izquierdo. Se conoce que se me incrustó plomo. Me llevaron al hospital y allí estuve cuatro meses. Salí sin ver y resignado. Desde entonces no me ha visto ningún médico». 

La alegría de José por recuperar la visión fue tanta que, tras la inesperada intervención de la gallina, no quería que nadie más le tocase el ojo: «sinceramente, tengo mucho miedo de que me vean los médicos. Ya puedo ver y es mejor dejar las cosas como están...», aseguró al periódico, que señaló que el animal «estará en el gallinero mientras viva» y que «después será disecada». 

Como colofón, el redactor apuntó que la gallina «ha pasado a ser el centro de atención de los comentarios del tranquilo pueblo de Gines. La casualidad hizo que (…) atraída sin duda por un brillo extraño en el ojo invidente de su dueño, picara en él con tan buena fortuna, que sirvió para devolverle la visión tras veinticinco años de tinieblas». 

Sea cierta o no la noticia recogida por el periódico canario, ha pasado a convertirse por derecho propio en una de las historias más sorprendentes de la hemeroteca histórica de Gines, un relato que, al igual que al vecino curado por la gallina, nos deja al menos una amplia sonrisa.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en El Nuevo Periódico de Gines - Julio 2026
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Una de las obras más conocidas y representativas del Museo del Prado es, sin duda, el «Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en la playa de Málaga», pintada por Antonio Gisbert en 1887-1888. El lienzo, de grandes dimensiones, está considerado como una de las obras maestras de la pintura histórica española del siglo XIX. En una composición llena de dramatismo, refleja los instantes previos al ajusticiamiento en 1831 del general José María de Torrijos y Uriarte tras ser detenido por las tropas absolutistas cuando se disponía a llevar a cabo a un nuevo pronunciamiento de corte liberal contra Fernando VII. 

Lo que no es tan conocido, desde luego, es la estrecha vinculación con Gines que tuvo la familia de Torrijos unos años antes de aquellos trágicos sucesos. Su abuelo, Bernardo de Torrijos y Vargas, había nacido en Málaga en 1712 y en 1734 ingresó en el colegio de Santa María de Jesús de Sevilla (origen de la Universidad de Sevilla) [1]. Fue después magistrado en la Audiencia de Valencia, llegando a convertirse en asesor general del arzobispo de Sevilla, el infante don Luis de Borbón, además de ingresar en 1757 en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. 

Casado con Teresa Chacón Rivera, en febrero de 1749 Bernardo Torrijos realiza una postura [2] u oferta para la adquisición de la hacienda Santa Rosalía de Gines (actual Casa de la Cultura ‘El Tronío’) tras la muerte en 1737 de su anterior propietaria, doña Juana Antonia María de Vidales, viuda del fundador de la hacienda, don Juan José del Castillo y de la Barrera. Desde la muerte de Vidales, 12 años antes de la puja de Torrijos, el deterioro del edificio debió ser importante, ya que en sucesivos aprecios por parte de otros tantos peritos se observa una rápida bajada de su valor en apenas unos años. 

Fue así como ofertó Torrijos 110.000 reales de vellón por la hacienda y todas sus tierras, una cantidad muy inferior a los últimas valoraciones de los peritos. Sin embargo, tras aceptarse la postura y pregonarse públicamente como era preceptivo, nadie mejoró la oferta, adjudicándose su propiedad a Torrijos el 20 de abril de ese mismo año 1749 en el citado precio. 

La hacienda constaba por entonces de «casas principales, casa de capataz, atarazanas, bodega, lagar, vasijas de barros y madera, caldera de arrope y aguardiente y todos los demás pertrechos concernientes en que había más de 30 aranzadas de viña y las tierra a ellas anexas» [3]. 

Tras la muerte de Bernardo Torrijos en 1767 en Granada, siendo por entonces Fiscal de la Real Chancillería de aquella ciudad, la hacienda de Gines pasó a ser propiedad por mitades de su esposa, Teresa Chacón Rivera, y de su hijo, Cristóbal Torrijos Chacón, padre del futuro general Torrijos, retratado por Gisbert. 

 Ambos nuevos propietarios vendieron la hacienda el 1 de febrero de 1770 a D. Manuel de Zamora, Sargento Mayor del cuerpo de Inválidos de la ciudad de Sevilla, quien sólo tres años más tarde, en 1773 [4], la vendería de nuevo, en esta ocasión a Narciso Fernández de Heredia, abuelo del futuro Conde de Ofalia, nacido en ella en 1775. 

La historia de la hacienda seguía así jalonándose de nombres ilustres, dejando para la memoria un rastro de personalidades de relevancia para contar el pasado del edificio, uno de los más singulares de los levantados en los tres últimos siglos en Gines.

José Rodríguez Polvillo 
Publicado en la Revista de Feria de Gines 2026 

[1] MOLAS RIBALTA, Pere: «Magistrados malagueños en la Valencia borbónica». Baética: Estudios de Historia Moderna y Contemporánea. Número 20. 1998. 

[2] AHPSe. Protocolos de Gines. Leg. 23235. 

[3] Ibídem. 

[4] AHPSe. Protocolos de Gines. Leg. 21056.




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Desde la década de 1930, el servicio público de transporte de viajeros entre Gines y Sevilla lo prestaban los autobuses de la compañía «Tranvías de Sevilla, S.A.». Lo hacían, sin embargo, de una forma deficiente y llena de irregularidades en los horarios, con el consiguiente perjuicio para los vecinos y vecinas. 

Las quejas por el servicio y el «mal estado de los coches» eran frecuentes, a veces incluso recogidas en la prensa de la época. Así, dicho servicio fue calificado como «insuficiente y horriblemente caro» por el entonces joven abogado José Antonio Cabrera Pérez, quien aseguraba que «falla la mayoría de las veces». En julio de 1950 incluso a uno de los autobuses se le reventó un neumático cuando pasaba por la calle Castilla, chocando contra un poste y dejando tres heridos. 

Hacía falta una solución que las autoridades no terminaban de ofrecer. Fue así como el 15 de abril de 1951, cuando ya comenzaba a hablarse de la «gran Sevilla», en la que se incluía a Gines, se celebró en la localidad una asamblea constituyente de una Cooperativa de Autobuses. Eran los propios vecinos los que se organizaban para mejorar la comunicación del pueblo con Sevilla, dando forma a un servicio que, con sus carencias, mejoraba considerablemente al existente hasta ese momento. 

La primera Junta Rectora de esta Cooperativa estuvo presidida por Carlos de la Lastra y Castrillo, marqués de Benamejí. Francisco Campano Florido fue elegido secretario, con Diego Ruiz González como tesorero y José Luis Rodríguez Rodríguez, Antonio Palomo Núñez, Alfredo Santiago Montiel y José Cucarella Sancha como vocales. Sólo cinco días más tarde se celebró una asamblea similar en Castilleja, aprobándose la adhesión a la cooperativa creada en Gines e incorporándose a la directiva otras cinco personas de la localidad vecina. 

Por Orden del Ministerio de Trabajo, el 10 de julio de 1951 se inscribía en el Registro Oficial de Cooperativas la que entonces se llamó «Cooperativa de Autobuses de Gines y Castilleja de la Cuesta» y que después se denominó «Cooperativa de Transporte Nuestra Señora de los Reyes». 

Durante los años 60 del siglo pasado saltó a la prensa en no pocas ocasiones que la competencia entre las dos empresas concesionarias de la línea Gines-Sevilla (la Cooperativa y Jiménez) había generado una situación insostenible en la que cada una adelantaba o retrasaba sus horarios de salida con vistas a acoger a un mayor número de pasajeros, haciendo imposible saber los horarios de llegada al destino. Además, según testimonios del momento, los autobuses se enzarzaban en carreras por el recorrido para ver quién llegaba primero a la siguiente parada y recogía más usuarios. 

 «La Cooperativa», como se le conocía popularmente, estuvo prestando servicio hasta el 16 de octubre de 1974, en que se disolvió, quedando la concesión de la línea primero en manos de la empresa Jiménez Álvarez y, posteriormente hasta la actualidad, en la empresa Damas, integrada en el Consorcio de Transporte Metropolitano de Sevilla.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en El Nuevo Periódico de Gines - Junio 2026
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El apodo «Niño de Gines» cuenta con una larga trayectoria de más de un siglo en nuestra localidad, cien años en los que ha servido para nombrar a vecinos de nuestro pueblo en distintas disciplinas del arte y el deporte. 

El primero del que tenemos constancia que ostentase este pseudónimo fue el novillero Juan Castro López, que había nacido el 13 de febrero de 1881 en la casa familiar de la calle Nueva, hoy fray Ramón de Gines. Los inicios en el mundo del toro no debieron ser fáciles para el ginense, que tuvo una vida especialmente azarosa hasta su trágico final. 

Cuando trataba de abrirse camino recorriendo las plazas de medio país, el 3 de marzo de 1904 se aprobaba, bajo el gobierno de Antonio Maura, la Ley del Descanso Dominical, que estableció la prohibición de trabajar los domingos, también en el mundo del toreo. Aquel cambio legislativo suponía la ruina para infinidad de novilleros e integrantes de cuadrillas, por lo que Castro trató de quitarse la vida disparándose en la cara con un arma de fuego. La noticia fue tan impactante que incluso apareció en la prensa extranjera y algunos periódicos, tanto nacionales como foráneos, llegaron a darlo por muerto. 

No fue así. Tras un nuevo cambio legislativo que permitió los espectáculos públicos dominicales, Castro continuó su trayectoria taurina cosechando importantes éxitos. En las fuentes consultadas hay discrepancias sobre si su debut en Madrid como novillero se produjo el 2 de diciembre de 1906 o de 1907. Lo cierto es que, a partir de ahí, nos han llegado referencias de actuaciones suyas en La Línea de la Concepción y Morón de la Frontera (1908), Vista Alegre (1910), Barcelona, Valencia o Palma de Mallorca (1912), sufriendo en esta última plaza una «cornada grave en el cuello». La muerte le llegaría, sin embargo, lejos de los ruedos. Fue el 21 de agosto de 1913 en La Línea de la Concepción tras recibir un nuevo disparo, en este caso en una reyerta en la que se vio envuelto por defender a un familiar. 

Desde los años 30 del siglo pasado otro novillero de Gines lució el mismo apodo. Su nombre era Antonio Hurtado, del que los papeles recogen varias actuaciones en la Real Maestranza de Sevilla. Una de las crónicas de la época señala que «el público jaleó con entusiasmo la faena» del ginense, destacando otra de ellas que logró «ovación, dos orejas y vuelta». Estuvo en activo al menos hasta 1941. 

También en el deporte ha sonado el nombre de «Niño de Gines», en este caso gracias al ciclista Francisco Rodríguez Velasco. Aunque nacido en Camas en 1914, llegó a nuestro pueblo con apenas 9 años. Tal y como contó él mismo en la Revista de Feria hace años, participó 18 veces en La Vuelta a España, siendo tres veces subcampeón y tercero en otras cuatro ocasiones. Además, ganó 18 de los 20 campeonatos de Sevilla en los que participó. 

Más recientemente, nuestro vecino Manuel Jesús García Hurtado («Manuel de Gines») comenzó a ser conocido en sus inicios en el mundo del flamenco con el sobrenombre de «Niño de Gines», un apelativo con el que se convertía en heredero de una denominación con más de un siglo de historia.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en El Nuevo Periódico de Gines - Mayo 2026
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La célebre grabación del «Rosario por Sevillanas», la noche del 9 al 10 de agosto de 1969, se convirtió, sin duda, en un impulso fundamental para la popularización de los cantes de Gines, que venían resonando en el pueblo desde algún tiempo atrás. 

Aquellos Misterios del Rosario se habían cantado por primera vez cuatro años antes, en 1965, durante el traslado del Simpecado a la Parroquia [1] como antesala de la Novena. Gines vivía por entonces una efervescencia devocional que iba a encontrar en la música y el cante sus mejores vehículos de expresión. 

En este contexto se publica en 1966 (tres años antes de la grabación del Rosario), el libreto «Cantando en El Rocío. Sevillanas rocieras de la Hermandad de Gines», una recopilación de coplas a la que el tiempo no ha hecho demasiada justicia, a pesar de encontrarse en los mismos orígenes de los cantes de Gines y de ser, quizá, el primer intento ordenado en nuestro pueblo de hacer sevillanas de una manera singular y con unas características especialmente definidas. 

Editado por la Hermandad del Rocío, el libro, que consta de un total de 40 páginas, venía presentado por un prólogo firmado por el sacerdote Francisco Gil Delgado, que tanta buena memoria dejó en Gines. En aquellas líneas iniciales quedaba claro que «Gines no se ha preocupado nunca de acuñar derechos de autor. Algunas de sus sevillanas andan de boca en boca como feliz patrimonio común». Por el contrario, la intención del libro era otra, ya que, según el propio don Francisco, «no pretende más que estas tres cosas: honrar a la Virgen; contribuir a expandir más y más el áurea rociero; y rendir un tributo de admiración y servicio a todas las demás Hermandades». 

En total, se recogían 91 letras divididas en 10 apartados denominados así: Misterios Gloriosos por sevillanas (recogidos aquí en su versión inicial), Al Divino Pastorcito, Gitana marismeña, Noche bendita de Gelo, En el camino, Noche grande de Palacio, En El Rocío, A la Virgen por sevillanas, Cantando penas y sevillanas de la esperanza, y Otras sevillanas. 

Algunas de las composiciones incluidas todavía siguen sonando en los labios del pueblo. Ahí están temas como «Collares de carretas cruzan carriles», «Ya viene entre la gente mi Mare Buena» o «A la Blanca Paloma le dijo el viento». 

Aunque se presentaba fundamentalmente como una recopilación de cantes populares, las plumas las pusieron Alfredo Santiago López, Crescencio Pérez Pabón, Juan Antonio Hurtado Díaz y José Luis Montiel Hurtado. Este último recuerda que la iniciativa partió del propio prologuista, don Francisco Gil Delgado, que había sido coadjutor de la parroquia de Gines unos años antes y que seguía manteniendo un fuerte vínculo con el pueblo. Fue así como «Don Francisco le sugirió a Alfredo Santiago hacer una recopilación de las sevillanas de Gines. Alfredo fue el que hizo las gestiones y contactó conmigo, que estaba por entonces estudiando Teología en Comillas, para pedirme que hiciera algunas letras de sevillanas para incluirlas. Hubo que hacerlas muy rápidamente, fue un librito de urgencia». 

José Luis Montiel destaca la novedad que suponía aquella publicación, que significó un cambio en el tipo de letras que solían cantarse por entonces y que «representaba un poco la tendencia que siguió más tarde», porque «ahí empezó esa tendencia» de letras más profundas y de mayor cariz religioso. 

Esta indudable religiosidad que respiraban aquellas composiciones queda patente en las primeras páginas de aquel librito de coplas, donde se reproducía una imagen que sin duda había impactado fuertemente a los rocieros de Gines en aquellos años. La fotografía, del año 1963, recogía la entrada en el pueblo de la carreta del Simpecado tras completar su camino de vuelta, luciendo en su delantera una instantánea de Papa Juan XIII, fallecido apenas dos días antes. 

La publicación, de la que se vendieron no pocos ejemplares, tuvo incluso su eco en la prensa sevillana de la época. Así, el diario ABC señalaba que «la inspiración de estas sevillanas es completamente popular, con todas sus virtudes y defectos», por lo que «las sevillanas que se contienen en ella se harán de fácil manejo para los rocieros en los caminos de la Marisma». Por su parte, El Correo de Andalucía indicaba que «por su módico precio y el valor literario que encierra esperamos tenga una favorable acogida». 

Sesenta años han pasado de la publicación de aquel libreto para la historia de los cantes de Gines, una de las principales semillas que germinaron con los años en una de las grandes señas de identidad de nuestro pueblo.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026

[1] El Correo de Andalucía 26 de mayo de 1965.
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Altar del Triduo de agosto de 1976.
FOTO: Manuel Mateos Vega.
En 2026 se cumple medio siglo de dos citas que se han convertido en imprescindibles en el verano de los rocieros de Gines. Se trata del Solemne Triduo Glorioso en honor a la Virgen del Rocío con motivo de su Asunción a los Cielos y la Velada de agosto. 

Aunque los libros de actas de la hermandad no recogen ningún Cabildo correspondiente a 1976, podemos inferir la fecha de inicio de celebración del Triduo a partir de otros documentos, principalmente las Reglas de 1975, que venían a sustituir a las vigentes desde 1940. 

En la regla número 83 del año 1975 se indica por primera vez que «con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen a los cielos en el mes de Agosto, la Hermandad celebrará triduo, con el rezo del Santo Rosario». 

Estas Reglas, que comenzaron a fraguarse de la mano de una comisión de hermanos creada en septiembre de 1973, fueron aprobadas por aclamación casi dos años más tarde, en el Cabildo General de 29 de agosto de 1975, entrando en vigor a partir de la aprobación, el 29 de septiembre de ese mismo año, por parte del Excmo. Sr. Obispo Auxiliar y Vicario Episcopal de Laicos, don Rafael Bellido Caro. 

Toda vez que la fecha de celebración ya había pasado cuando las nuevas Reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica, el primer Triduo se celebró al año siguiente, en 1976, siendo hermano mayor Gonzalo Pavón Mora y diputado de Cultos Manuel Mateos Vega [1]. 

Como puede verse en la fotografía que acompaña a estas líneas, correspondiente a dicho año y realizada por nuestro añorado Manuel Mateos, para la ocasión se instaló en la ermita de Santa Rosalía un llamativo altar efímero enmarcado en un dosel verde y presidido por el Simpecado de la Hermandad, que se presentó con la imagen del Pastorcito a los pies y con un exorno floral en tonos verdes y amarillos. 

Tal y como recoge la convocatoria, el Triduo se celebró del 12 al 14 de agosto, comenzando cada día a las 21.45 horas y estando oficiado por D. Juan María Cotán. La parte musical corrió a cargo del Coro Virgen del Rocío de Gines, que abrió el primer día con los Misterios Gozosos durante el Rosario y terminó el último con «Lloran los pinos del Coto» («La vuelta del Camino») a modo de despedida. 

En cuanto a la primera velada, se celebró del 12 al 15 de agosto, ambos inclusive, de ese año mismo año 1976, instalándose en la Plaza de Santa Rosalía, tal y como se recoge en una octavilla informativa de la época, la cual deja claro que se trata de la primera edición. En aquel estreno actuaron diversos grupos de la localidad, abriendo cartel Amigos de Gines, que ese año había publicado el álbum «Sevillanas del buen recuerdo», con temas tan emblemáticos como «La buena gente», «Sevillanas de colores» o «La semilla rociera«, entre otros. 

Completaron el cartel los grupos Arte Flamenco, Los Panaderos y Pastorcitos de Gines, proyectándose además la película «Romería del Rocío». Aunque no lo dice expresamente la referida octavilla, muy probablemente este audiovisual fuera obra de Pedro Marcos Bustamante, quien proyectó sus grabaciones del camino durante muchos años en la velada agosteña. La hoja informativa señalaba, para concluir, el «esmerado servicio de bar» y las «tapas selectas» que ofrecía la velada, concluyendo con el anuncio de una «gran buñolada» para el último día. 

Aquella primera velada dejó un beneficio de 40.711 pesetas a la hermandad [2], lo que supuso el 5 por ciento de los ingresos en ese ejercicio. Aquella quizá tímida acogida fue sólo el inicio de una trayectoria claramente ascendente, llegándose a multiplicar por cuatro los beneficios apenas tres años después. 

Tras los inicios en la propia Plaza de Santa Rosalía, frente a la ermita, la velada pasaría en los años siguientes al paseo Juan de Dios Soto y al patio del colegio Carmen Iturbide, para lo que se pedía el pertinente permiso al Ayuntamiento. 

Medio siglo después de aquellos orígenes, el Triduo y la velada de agosto son ya hitos indispensables en el calendario rociero de Gines, un culto solemne y un acto de confraternidad a los que la hermandad siempre regresa en torno a la festividad de la Asunción de la Virgen María.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026

[1] AHRG. Cabildo General de Elecciones. 31 de octubre de 1975. 

[2] AHRG. Libro de Cuentas 1964-1989.
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Corría el año 1985 cuando la Hermandad Matriz de Almonte invitó a todas las hermandades filiales a realizar sus peregrinaciones anuales a la aldea llevando sus respectivos simpecados. Gines contaba ya con una dilatada trayectoria en este peregrinar al margen de la romería de Pentecostés, haciendo del día de la Inmaculada Concepción de la Virgen un «acto de confraternidad entre sus hermanos» que cada año estaba «dedicado especialmente a los ancianos de la localidad, aunque no pertenezcan a la hermandad» [1]. 

Sin embargo, dicha peregrinación se realizaba cada diciembre sin portar el Simpecado. Es más, las propias Reglas de la Hermandad no contemplaban dicha circunstancia. Así, en su apartado de «actos de Cultos» las Reglas de 1975 recogían para el 8 de diciembre de cada año la celebración de una «misa en el Santuario del Rocío, con motivo de su peregrinación al mismo», si bien no decían nada sobre que dicha peregrinación se realizase llevando el Simpecado. De hecho, incluso podría entenderse como indirectamente prohibido por la propia Regla en su apartado 90, que indicaba que «esta Hermandad hará UNA procesión anual en romería, CON EL SIMPECADO de la Santísima Virgen, A LA ALDEA DEL ROCÍO». 

Ante esta situación, el hermano mayor dio a conocer en Cabildo de Oficiales [2] «las gestiones mantenidas con la hermandad Matriz» así como la solicitud al Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla de un «escrito en el cual poder justificar por razón de nuestra Regla el impedimento para llevar el Simpecado». 

Finalmente la Hermandad de Gines, junto a Triana y otras, decidió no llevar el Simpecado ese año, algo que generó no pocas tensiones en el mundo rociero de la época. 

Tras los desagradables hechos de la Romería de 1986, el asunto del traslado del Simpecado a la aldea con motivo de la celebración de la Inmaculada volvería a tomar protagonismo a medida que se iba acercando el final de año. El hecho de que Triana llevase su antiguo Simpecado el 2 de noviembre de ese año en su peregrinación de Todos los Santos sirvió, sin duda, para allanar el camino. 

Así, a falta de menos de un mes para la peregrinación de Gines, se celebró un Cabildo General Extraordinario [3] convocado al efecto por la Junta de Gobierno. En él, el hermano mayor informaba sobre las «gestiones mantenidas con la Hermandad Matriz con motivo de la visita al Santuario el día 8 de diciembre, en el cual la Junta ante los problemas que estos podían acarrear a la Hermandad, se acordó celebrar dicho Cabildo». Sometida a votación de los 89 hermanos presentes, la propuesta de la Junta fue refrendada con 66 votos a favor, 19 en contra y 4 blancos, «con lo se aprobó la llevada del Simpecado». 

Aquella salida extraordinaria del Simpecado con motivo de la Inmaculada de 1986 sería la primera de muchas hasta la actualidad, ya que se incorporaría a las nuevas Reglas de 1987 [4]. Concretamente en la regla número 37 apartado «h» se establecía que «en el mes de diciembre, y con preferencia a las fechas más cercanas a la festividad de la Inmaculada Concepción, la Hermandad asistirá a una misa en el Santuario del Rocío, llevando el Simpecado». 

Fue así como el Simpecado de Gines comenzó a presentarse ante la Virgen del Rocío cada Solemnidad de la Inmaculada, una tradición que cumple 40 años. 

José Rodríguez Polvillo 
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026

[1] AHRG. Reglas de 1975. 
[2] Ibídem. Cabildo de Oficiales. 2 de diciembre de 1985. 
[3] Ibídem. Cabildo General Extraordinario. 13 de noviembre de 1986.
[4] Aprobadas en Cabildo General Extraordinario de 27 de noviembre de 1987 y por la Autoridad Eclesiástica en 15 de noviembre de 1988.
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