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LA TINTA DE LA MEMORIA

José Rodríguez Polvillo

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La célebre grabación del «Rosario por Sevillanas», la noche del 9 al 10 de agosto de 1969, se convirtió, sin duda, en un impulso fundamental para la popularización de los cantes de Gines, que venían resonando en el pueblo desde algún tiempo atrás. 

Aquellos Misterios del Rosario se habían cantado por primera vez cuatro años antes, en 1965, durante el traslado del Simpecado a la Parroquia [1] como antesala de la Novena. Gines vivía por entonces una efervescencia devocional que iba a encontrar en la música y el cante sus mejores vehículos de expresión. 

En este contexto se publica en 1966 (tres años antes de la grabación del Rosario), el libreto «Cantando en El Rocío. Sevillanas rocieras de la Hermandad de Gines», una recopilación de coplas a la que el tiempo no ha hecho demasiada justicia, a pesar de encontrarse en los mismos orígenes de los cantes de Gines y de ser, quizá, el primer intento ordenado en nuestro pueblo de hacer sevillanas de una manera singular y con unas características especialmente definidas. 

Editado por la Hermandad del Rocío, el libro, que consta de un total de 40 páginas, venía presentado por un prólogo firmado por el sacerdote Francisco Gil Delgado, que tanta buena memoria dejó en Gines. En aquellas líneas iniciales quedaba claro que «Gines no se ha preocupado nunca de acuñar derechos de autor. Algunas de sus sevillanas andan de boca en boca como feliz patrimonio común». Por el contrario, la intención del libro era otra, ya que, según el propio don Francisco, «no pretende más que estas tres cosas: honrar a la Virgen; contribuir a expandir más y más el áurea rociero; y rendir un tributo de admiración y servicio a todas las demás Hermandades». 

En total, se recogían 91 letras divididas en 10 apartados denominados así: Misterios Gloriosos por sevillanas (recogidos aquí en su versión inicial), Al Divino Pastorcito, Gitana marismeña, Noche bendita de Gelo, En el camino, Noche grande de Palacio, En El Rocío, A la Virgen por sevillanas, Cantando penas y sevillanas de la esperanza, y Otras sevillanas. 

Algunas de las composiciones incluidas todavía siguen sonando en los labios del pueblo. Ahí están temas como «Collares de carretas cruzan carriles», «Ya viene entre la gente mi Mare Buena» o «A la Blanca Paloma le dijo el viento». 

Aunque se presentaba fundamentalmente como una recopilación de cantes populares, las plumas las pusieron Alfredo Santiago López, Crescencio Pérez Pabón, Juan Antonio Hurtado Díaz y José Luis Montiel Hurtado. Este último recuerda que la iniciativa partió del propio prologuista, don Francisco Gil Delgado, que había sido coadjutor de la parroquia de Gines unos años antes y que seguía manteniendo un fuerte vínculo con el pueblo. Fue así como «Don Francisco le sugirió a Alfredo Santiago hacer una recopilación de las sevillanas de Gines. Alfredo fue el que hizo las gestiones y contactó conmigo, que estaba por entonces estudiando Teología en Comillas, para pedirme que hiciera algunas letras de sevillanas para incluirlas. Hubo que hacerlas muy rápidamente, fue un librito de urgencia». 

José Luis Montiel destaca la novedad que suponía aquella publicación, que significó un cambio en el tipo de letras que solían cantarse por entonces y que «representaba un poco la tendencia que siguió más tarde», porque «ahí empezó esa tendencia» de letras más profundas y de mayor cariz religioso. 

Esta indudable religiosidad que respiraban aquellas composiciones queda patente en las primeras páginas de aquel librito de coplas, donde se reproducía una imagen que sin duda había impactado fuertemente a los rocieros de Gines en aquellos años. La fotografía, del año 1963, recogía la entrada en el pueblo de la carreta del Simpecado tras completar su camino de vuelta, luciendo en su delantera una instantánea de Papa Juan XIII, fallecido apenas dos días antes. 

La publicación, de la que se vendieron no pocos ejemplares, tuvo incluso su eco en la prensa sevillana de la época. Así, el diario ABC señalaba que «la inspiración de estas sevillanas es completamente popular, con todas sus virtudes y defectos», por lo que «las sevillanas que se contienen en ella se harán de fácil manejo para los rocieros en los caminos de la Marisma». Por su parte, El Correo de Andalucía indicaba que «por su módico precio y el valor literario que encierra esperamos tenga una favorable acogida». 

Sesenta años han pasado de la publicación de aquel libreto para la historia de los cantes de Gines, una de las principales semillas que germinaron con los años en una de las grandes señas de identidad de nuestro pueblo.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026

[1] El Correo de Andalucía 26 de mayo de 1965.
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Altar del Triduo de agosto de 1976.
FOTO: Manuel Mateos Vega.
En 2026 se cumple medio siglo de dos citas que se han convertido en imprescindibles en el verano de los rocieros de Gines. Se trata del Solemne Triduo Glorioso en honor a la Virgen del Rocío con motivo de su Asunción a los Cielos y la Velada de agosto. 

Aunque los libros de actas de la hermandad no recogen ningún Cabildo correspondiente a 1976, podemos inferir la fecha de inicio de celebración del Triduo a partir de otros documentos, principalmente las Reglas de 1975, que venían a sustituir a las vigentes desde 1940. 

En la regla número 83 del año 1975 se indica por primera vez que «con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen a los cielos en el mes de Agosto, la Hermandad celebrará triduo, con el rezo del Santo Rosario». 

Estas Reglas, que comenzaron a fraguarse de la mano de una comisión de hermanos creada en septiembre de 1973, fueron aprobadas por aclamación casi dos años más tarde, en el Cabildo General de 29 de agosto de 1975, entrando en vigor a partir de la aprobación, el 29 de septiembre de ese mismo año, por parte del Excmo. Sr. Obispo Auxiliar y Vicario Episcopal de Laicos, don Rafael Bellido Caro. 

Toda vez que la fecha de celebración ya había pasado cuando las nuevas Reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica, el primer Triduo se celebró al año siguiente, en 1976, siendo hermano mayor Gonzalo Pavón Mora y diputado de Cultos Manuel Mateos Vega [1]. 

Como puede verse en la fotografía que acompaña a estas líneas, correspondiente a dicho año y realizada por nuestro añorado Manuel Mateos, para la ocasión se instaló en la ermita de Santa Rosalía un llamativo altar efímero enmarcado en un dosel verde y presidido por el Simpecado de la Hermandad, que se presentó con la imagen del Pastorcito a los pies y con un exorno floral en tonos verdes y amarillos. 

Tal y como recoge la convocatoria, el Triduo se celebró del 12 al 14 de agosto, comenzando cada día a las 21.45 horas y estando oficiado por D. Juan María Cotán. La parte musical corrió a cargo del Coro Virgen del Rocío de Gines, que abrió el primer día con los Misterios Gozosos durante el Rosario y terminó el último con «Lloran los pinos del Coto» («La vuelta del Camino») a modo de despedida. 

En cuanto a la primera velada, se celebró del 12 al 15 de agosto, ambos inclusive, de ese año mismo año 1976, instalándose en la Plaza de Santa Rosalía, tal y como se recoge en una octavilla informativa de la época, la cual deja claro que se trata de la primera edición. En aquel estreno actuaron diversos grupos de la localidad, abriendo cartel Amigos de Gines, que ese año había publicado el álbum «Sevillanas del buen recuerdo», con temas tan emblemáticos como «La buena gente», «Sevillanas de colores» o «La semilla rociera«, entre otros. 

Completaron el cartel los grupos Arte Flamenco, Los Panaderos y Pastorcitos de Gines, proyectándose además la película «Romería del Rocío». Aunque no lo dice expresamente la referida octavilla, muy probablemente este audiovisual fuera obra de Pedro Marcos Bustamante, quien proyectó sus grabaciones del camino durante muchos años en la velada agosteña. La hoja informativa señalaba, para concluir, el «esmerado servicio de bar» y las «tapas selectas» que ofrecía la velada, concluyendo con el anuncio de una «gran buñolada» para el último día. 

Aquella primera velada dejó un beneficio de 40.711 pesetas a la hermandad [2], lo que supuso el 5 por ciento de los ingresos en ese ejercicio. Aquella quizá tímida acogida fue sólo el inicio de una trayectoria claramente ascendente, llegándose a multiplicar por cuatro los beneficios apenas tres años después. 

Tras los inicios en la propia Plaza de Santa Rosalía, frente a la ermita, la velada pasaría en los años siguientes al paseo Juan de Dios Soto y al patio del colegio Carmen Iturbide, para lo que se pedía el pertinente permiso al Ayuntamiento. 

Medio siglo después de aquellos orígenes, el Triduo y la velada de agosto son ya hitos indispensables en el calendario rociero de Gines, un culto solemne y un acto de confraternidad a los que la hermandad siempre regresa en torno a la festividad de la Asunción de la Virgen María.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026

[1] AHRG. Cabildo General de Elecciones. 31 de octubre de 1975. 

[2] AHRG. Libro de Cuentas 1964-1989.
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Corría el año 1985 cuando la Hermandad Matriz de Almonte invitó a todas las hermandades filiales a realizar sus peregrinaciones anuales a la aldea llevando sus respectivos simpecados. Gines contaba ya con una dilatada trayectoria en este peregrinar al margen de la romería de Pentecostés, haciendo del día de la Inmaculada Concepción de la Virgen un «acto de confraternidad entre sus hermanos» que cada año estaba «dedicado especialmente a los ancianos de la localidad, aunque no pertenezcan a la hermandad» [1]. 

Sin embargo, dicha peregrinación se realizaba cada diciembre sin portar el Simpecado. Es más, las propias Reglas de la Hermandad no contemplaban dicha circunstancia. Así, en su apartado de «actos de Cultos» las Reglas de 1975 recogían para el 8 de diciembre de cada año la celebración de una «misa en el Santuario del Rocío, con motivo de su peregrinación al mismo», si bien no decían nada sobre que dicha peregrinación se realizase llevando el Simpecado. De hecho, incluso podría entenderse como indirectamente prohibido por la propia Regla en su apartado 90, que indicaba que «esta Hermandad hará UNA procesión anual en romería, CON EL SIMPECADO de la Santísima Virgen, A LA ALDEA DEL ROCÍO». 

Ante esta situación, el hermano mayor dio a conocer en Cabildo de Oficiales [2] «las gestiones mantenidas con la hermandad Matriz» así como la solicitud al Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla de un «escrito en el cual poder justificar por razón de nuestra Regla el impedimento para llevar el Simpecado». 

Finalmente la Hermandad de Gines, junto a Triana y otras, decidió no llevar el Simpecado ese año, algo que generó no pocas tensiones en el mundo rociero de la época. 

Tras los desagradables hechos de la Romería de 1986, el asunto del traslado del Simpecado a la aldea con motivo de la celebración de la Inmaculada volvería a tomar protagonismo a medida que se iba acercando el final de año. El hecho de que Triana llevase su antiguo Simpecado el 2 de noviembre de ese año en su peregrinación de Todos los Santos sirvió, sin duda, para allanar el camino. 

Así, a falta de menos de un mes para la peregrinación de Gines, se celebró un Cabildo General Extraordinario [3] convocado al efecto por la Junta de Gobierno. En él, el hermano mayor informaba sobre las «gestiones mantenidas con la Hermandad Matriz con motivo de la visita al Santuario el día 8 de diciembre, en el cual la Junta ante los problemas que estos podían acarrear a la Hermandad, se acordó celebrar dicho Cabildo». Sometida a votación de los 89 hermanos presentes, la propuesta de la Junta fue refrendada con 66 votos a favor, 19 en contra y 4 blancos, «con lo se aprobó la llevada del Simpecado». 

Aquella salida extraordinaria del Simpecado con motivo de la Inmaculada de 1986 sería la primera de muchas hasta la actualidad, ya que se incorporaría a las nuevas Reglas de 1987 [4]. Concretamente en la regla número 37 apartado «h» se establecía que «en el mes de diciembre, y con preferencia a las fechas más cercanas a la festividad de la Inmaculada Concepción, la Hermandad asistirá a una misa en el Santuario del Rocío, llevando el Simpecado». 

Fue así como el Simpecado de Gines comenzó a presentarse ante la Virgen del Rocío cada Solemnidad de la Inmaculada, una tradición que cumple 40 años. 

José Rodríguez Polvillo 
Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rocío de Gines 2026

[1] AHRG. Reglas de 1975. 
[2] Ibídem. Cabildo de Oficiales. 2 de diciembre de 1985. 
[3] Ibídem. Cabildo General Extraordinario. 13 de noviembre de 1986.
[4] Aprobadas en Cabildo General Extraordinario de 27 de noviembre de 1987 y por la Autoridad Eclesiástica en 15 de noviembre de 1988.
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Son infinidad las mujeres que han construido, a lo largo de los siglos, la historia de la Hermandad Sacramental de Santiago de Castilleja de la Cuesta. Seguir su rastro resulta, en la mayor parte de los casos, una misión imposible si tenemos en cuenta que, hasta hace relativamente poco tiempo, la suya ha sido una labor presidida por la discreción y el trabajo silencioso que no aparece en los papeles. 

Hoy nos detenemos en uno de los pocos casos en los que es posible seguir, al menos en parte, esa trayectoria en el seno de la hermandad. Hablamos de doña Dolores Cabrera López. 

Hija de José Cabrera Negrón y María de Jesús López Negrón, Dolores nació el 15 de febrero de 1845 en Castilleja, bautizándose sólo dos días más tarde en el templo parroquial de Santiago [1]. Se casó el 26 de octubre de 1868 con Felipe Oliver Rodríguez, diez años mayor que ella y de oficio arriero.

Las huellas de su enorme entrega a la hermandad nos han llegado gracias a dos documentos elaborados por ella misma y que se conservan en el archivo histórico de la corporación santiaguista. Se trata de dos cuadernillos en los que se recogen, de una parte, sus muchísimas donaciones a la hermandad, y de otra, una gran cantidad de coplas compuestas por ella y dedicadas en su mayor parte a diversos aspectos relacionados con La Plaza. 

El libro de cuentas 
El primero de estos documentos, un libro de cuentas y donaciones, se abre con una anotación en la que la propia Dolores Cabrera señala que «el día 15 de septiembre de 1910» puso «un pequeño establecimiento de comestibles y con lo que produjo los comestibles le compró a la Santísima Virgen de la Soledad una diadema de plata que le costó 1.000 reales [2]». Es sólo el primer apunte de un sinfín de ellos que se extienden a lo largo de 18 páginas repletas de nuevas piezas de ajuar donadas por la propia Dolores Cabrera y de las que podemos destacar algunas de ellas. 

Así, «el día 15 de agosto de 1911 sacó en procesión a la misma Virgen con el título de Reyes, un escultor le hizo la forma de una señora sentada, llevó 200 reales, y hizo un Niño que llevaba la misma, sentado, llevó por el Niño 300 reales». 

Siguieron más donaciones, como «un palio de tisú de plata y galones de oro fino (…), un manto de damasco rosa y blonda de plata entrefina (…) cuatro varas de plata de Meneses (...) un sillón de madera y aplicaciones de plata Meneses, (…) unos zapatos para la misma Virgen de raso blanco bordados en oro por la misma Dolores». Para «el título de Pastora» le hizo, entre otras prendas, «un vestido de moaré blanco de seda bordado en seda y oro (…) y una pelliza de astracán de seda blanca con ribetes de raso grana» además de «un buey y una cunita». 

De 1912 son «un vestido de raso morado, un rostro del Señor para la Verónica (…) un fleco de oro entrefino para el manto negro de la Virgen de la Soledad (…) y cuatro cordones y 8 borlas de oro entrefino para el palio de la Virgen de Reyes». 

De las donaciones de 1913 podemos destacar «cuatro vestidos de gasa de plata para los ángeles del Santo Sepulcro (…) tres respiraderos de madera tallada y dorado (...) una Santa María Magdalena (...) platear para las cuatro diademas de las Marías y San Juan, y la vara del Senatus de los armados», además de «una mula para la Virgen». 

Las donaciones continuaron en 1914, anotando Dolores Cabrera no sólo las suyas propias, sino también las de otros hermanos y devotos que ofrecieron gratuitamente sus trabajos y aportaciones ante cada nueva necesidad. 

Merece destacarse también su faceta como bordadora, dejando constancia de su trabajo sin ningún ánimo de lucro en el bordado de «cuatro vestidos de raso seda bordado en oro y escama blanca. Tres vestidos a las tres Marías y San Juan, bordado en oro. Una bandera blanca de raso de seda bordada en oro. Una de terciopelo negra bordada en oro; dos bandas para las bocinas bordadas en oro; el Senatus de los Armados de terciopelo grana bordado en oro», además de «un vestido de raso blanco bordado en oro para el Niño perdido». 

Por si fuera poco, y al margen de cuadernillo elaborado por ella misma, hay constancia también de la participación de Dolores Cabrera como avalista, junto a otros hermanos, del contrato del nuevo paso del Santo Sepulcro con el escultor Antonio Roldán Rodríguez, firmado el 8 de diciembre de 1912 [3].

El cancionero 
Más allá del ingente patrimonio material ya reseñado, Dolores Cabrera nos dejó también un riquísimo legado inmaterial en forma de cancionero que firmó bajo el título «coplas y versos improvisados». 

Así, entre el amplísimo abanico de composiciones recogidas por su autora, encontramos coplas de Jornaditas («En un pobre establo / hoy Dios ha nacido / cantemos henchidos / de gozo y placer / al cielo elevemos / himnos de alegría / bendita María / benditos los tres / Jesús y María / María y José»), para la festividad de la Candelaria («Qué divino niño / presentas al templo / rey del firmamento / del mundo también / alegres los cielos / al ver en este día / qué pura es María / Virgen y madre es»), o para la Asunción de la Santísima Virgen, recurriendo en este último caso a la iconografía de Nuestra Señora de la Soledad como Virgen de los Reyes, un aspecto que, como hemos visto al referirnos al libro de cuentas, tanto fomentó la propia Dolores Cabrera a través de diversas donaciones a la Hermandad: «Dios te salve, Virgen de los Reyes / Dios te salve, madre del Señor / alegría de todos los fieles / ampáranos por vuestra Asunción». 

Haciendo hincapié habitualmente en la cortedad económica de la Hermandad, no son pocas las alusiones en las coplas al incremento patrimonial de la corporación en estos años, como es el caso del mano negro de las Antúnez (1889-1890): «Con nuestra humildad y pobreza / Virgen de la Soledad / qué manto te ha costeado / esta tu pobre hermandad / de oro fino bordado. / Mírala qué hermosa viene / la estrella que os ilumina / con ese manto bordado / dale salud, madre mía, / a los que lo han costeado». En esta misma línea encontramos también esta referencia a la adquisición del paso del Santo Sepulcro (1912): «En tan hermoso sepulcro / va muerto el rey de los cielos / llorando va esa Pastora / tras el Divino Cordero / tan dolorosa señora. / Qué hermosa caja, María / a tu Hijo le han comprado / los hermanos pobrecitos / entre todos costeado». En este sentido, el compromiso y la fidelidad de los devotos es una constante en los versos: «Esta hermandad es tan pobre / pero muchos los hermanos / piden todo lo que pueden / en poco menos de un año / hacen todo lo que quieren». 

En el repertorio no faltan tampoco temas dedicados a Santiago Apóstol, primitivo Titular de la Hermandad («Santiago patrono de España / de esta iglesia glorioso patrón / tu energía y valor te acompaña / que venciste a los moros feroz») ni al patriarca San José («En brazos a tu hijo / José venturoso / tan casto y dichoso / ninguno otro fue. / Bendito tu nombre / patrón de la Iglesia / de precepto y fiesta / hoy tu día es»). También tienen cabida otras devociones, como el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen de Guía, Santa Teresa e incluso los Reyes Magos, y no faltan tampoco las coplas con claras alusiones a la tradicional dualidad de las hermandades del pueblo. 

Aunque imbricadas también de religiosidad popular a través de diversas alusiones, especialmente curiosas resultan las coplas dedicadas a la joven Pepita Pacheco (Josefa Pacheco Díaz) y a su madre, Pilar Díaz Marañón, así como a la marquesa de Loreto, doña Nicolasa del Campo, la gran benefactora de la hermandad en estos años. Así, en recuerdo de la gran reforma del templo santiaguista costeada por doña Nicolasa en 1883-1884 le dedicó estos versos: «con contento y alegría sin igual / a la señora vamos a felicitar / por su noble y generoso corazón / todas cantamos en reunión / ay, qué señora tan religiosa / que ha hecho un templo / para los hijos de este lugar / a Dios pedimos eternamente / lo pase siempre con toda dicha y felicidad». 

Más allá de su principal contenido devocional, el cancionero constituye también todo un documento del mayor interés a nivel antropológico, con referencias a temas tan dispares como la Guerra del Rif y la participación en ella de varios jóvenes de Castilleja, la aplaudida gestión del alcalde Eduardo Navarro o el arzobispo de Sevilla fray Ceferino González, que residió en Castilleja en sus últimos años. 

Del contenido de una copla fechada en 1912 podemos deducir que la inmensa labor de Dolores Cabrera para incrementar el patrimonio de la hermandad no pasó ni mucho menos desapercibida en el pueblo y que generó incluso algunas críticas que, desde luego, no consiguieron desanimarla. A dichos comentarios le dedicó estos versos: «aunque de mí hable la gente / yo no te abandonaré / mientras que viva en el mundo / para ti trabajaré», que continuó después dejando claro su único objetivo: «en todo lo que eche mano / tengo que prevalecer / lo que gano en esta tienda / solo para la Virgen es». 

Obvias razones de espacio no nos permiten desglosar más los interesantísimos documentos legados por doña Dolores Cabrera López. A su muerte, el 19 de febrero de 1920, cuando contaba con 75 años de edad, nos dejó, mucho más que un rico patrimonio material y una gran cantidad de composiciones en torno a nuestras devociones. El suyo es, ante todo, un legado de amor y fe, un ejemplo de dedicación a la Hermandad y a sus Sagrados Titulares.

José Rodríguez Polvillo
Archivero de la Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol

Publicado en el anuario 'De Santiago' (Febrero 2026), de la Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol de Castilleja de la Cuesta


[1] Archivo de la Parroquia de Santiago y Purísima Concepción de Castilleja de la Cuesta (APSCC). Bautismos. 

[2] En 1910 el Real ya no existía como moneda de curso legal, pero se utilizaba popularmente para referirse a 25 céntimos de peseta. Así, 1.000 reales equivalían a 250 pesetas. 

[3] PRIETO GORDILLO, Juan: 'La hermandad de la Plaza de Castilleja de la Cuesta (1370-2000), Sevilla, 1999. Pag. 267.
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Camino de los cinco siglos historia, que llegarán en 2036, la Hermandad Sacramental de Gines hace «estación» este año en un aniversario que nos permite detenernos y reflexionar sobre el mensaje evangélico y el significado de la palabra hermandad. 

Es bien conocido el pasaje recogido por Mateo (18:21-22) en el que Pedro preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». La respuesta de Cristo desconcertó a todos los que escuchaban: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». 

En los textos bíblicos, el siete aparece siempre como un número vinculado a la plenitud. Siete días son los de la semana de la Creación (Génesis, 2:2); Dios mandó a Noé tomar «siete parejas, macho y hembra» de cada animal puro (Génesis, 7:2); siete son los brazos de la menorá, el candelabro descrito en el Éxodo (25:37); el siete es un número recurrente en el Apocalipsis como símbolo de la plenitud del plan divino… Por lo tanto, setenta veces siete, es decir, multiplicar la plenitud por uno de sus propios múltiplos, equivaldría a proponer una abundancia ilimitada a la hora de perdonar. 

Aunque desde el punto de vista simbólico 70 veces 7 podría interpretarse así como la misma infinitud, en términos matemáticos equivale a un número concreto, el 490, justo los años que conmemora la Hermandad Sacramental en 2026. 

El aniversario se convierte así en una ocasión inmejorable para comprender la larga historia de la Hermandad a la luz de las palabras de Cristo, entendiendo su pasado, su presente y su futuro como una auténtica escuela de perdón, una enseñanza que trasciende los números y se adentra en el alma humana y su relación con Dios. 

El lema de la Hermandad («El amor de Cristo nos ha unido como hermanos») resume, al mismo tiempo, la filialidad respecto a Dios y la fraternidad respecto a nuestro prójimo. Si pecamos infinitas veces y todas ellas esperamos el perdón del Señor a través del sacramento de la Reconciliación, cómo no tratar de perdonar, desde nuestras limitaciones, a quienes llamamos nuestros hermanos. 

A diez años del quinto centenario, el 490 aniversario nos recuerda el testimonio de devoción y perdón que la Hermandad viene ofreciendo en nuestro pueblo desde el siglo XVI, haciendo de las palabras de Cristo una obra de fe encarnada. 

Ojalá el 490 aniversario, este 70 veces 7 de la Sacramental de Gines, nos inspire no la importancia de un número, sino un horizonte infinito de gracia, fraternidad y perdón como Cristo nos enseñó.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad Sacramental de Gines - Febrero de 2026
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Recientemente se han cumplido 40 años de unos hechos que, de haber llegado a buen puerto, hubieran supuesto un jalón digno de los mejores recuerdos en la historia de la Hermandad Sacramental de Gines. 

Fue allá por 1985, cuando la Hermandad del Dulce Nombre, de la parroquia de San Lorenzo de Sevilla, preparaba la celebración de su 400 aniversario. Con tal motivo, la corporación sevillana preparó diversos cultos y actos que habían de tener su momento más significativo en una salida procesional extraordinaria de su Titular más antiguo: el Santo Cristo del Mayor Dolor. 

Dicho crucificado carecía de paso procesional, por lo que la hermandad tuvo que lanzarse a buscar unas andas adecuadas para tan importante culto externo. 

Fue así como contactó con la Sacramental de Gines, solicitando la cesión del paso procesional del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, que se había estrenado en 1974 [1]. En el Cabildo de Oficiales del 12 de septiembre de 1985, el entonces hermano mayor, Antonio Palomar, informaba que el día anterior se hacía recibido «la visita de la Junta de la Hermandad de la Bofetá» con el objetivo de «pedir prestada la canastilla del paso de Cristo para su próxima salida conmemorativa de dicha Hermandad» [2]. 

Una semana más tarde, el 19 de septiembre, tratando otra vez este asunto un nuevo Cabildo de Oficiales «acordó definitivamente la aprobación de este préstamo para la salida de una imagen de dicha Hermandad con motivo del cuarto centenario». 

Estas dos actas de Cabildo son las únicas referencias que dejó en la documentación de la Sacramental de Gines esta sorprende petición que, sin embargo, no llegó a materializarse finalmente. 

El 11 de noviembre de ese mismo año, apenas unos días antes de la procesión extraordinaria, el Cabildo de Oficiales de la Hermandad de la Vera de Cruz de Sevilla aprobaba «la solicitud de la Hermandad de la Bofetá para la cesión del paso de Cristo de nuestra Hermandad (…) para la celebración del cuarto centenario de la fundación (…) procesionando con el Stmo. Cristo del Mayor Dolor» [3]. La cercanía y la consiguiente mayor facilidad para el transporte fueron probablemente los factores determinantes para que la Hermandad del Dulce Nombre optara finalmente por pedir su paso de Cristo a la hermandad crucera de la capital, en detrimento de la de Gines, que ya lo había concedido. 

Así fue como el 23 de noviembre de 1985, el antiguo paso del Cristo de la Vera Cruz de Sevilla (tallado por Antonio Vega Sánchez en 1965 y vendido en 2007 a la Vera Cruz de Umbrete) tomó parte en la procesión extraordinaria del Cristo del Mayor Dolor de la Hermandad del Dulce Nombre, recorriendo los barrios de San Lorenzo y San Vicente con el acompañamiento musical de la banda de cornetas y tambores de Las Cigarreras. 

El crucificado, de estilo manierista y realizado hacia 1600, mide 133 centímetros y es atribuido tradicionalmente, según diversos investigadores, a Juan de Oviedo y de la Bandera ‘El Mozo’ o a Andrés de Ocampo. 

Desde aquel año 1985, el Santo Cristo del Mayor Dolor no ha vuelto a salir procesionalmente, a pesar de que en la regla número 85 de la Hermandad se le incluye en la Estación de Penitencia. En 2010 llegó incluso a votarse en Cabildo General la salida procesional, pero fue rechazada por los hermanos [4]. Sus cultos se limitan a un Via Crucis y el posterior Besapié en Cuaresma, además de una Solemne Función en noviembre con motivo de la festividad de Cristo Rey. 

Recientemente se han cumplido 40 años de aquella maravillosa posibilidad que a punto estuvo de hacerse realidad: ver el paso del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Gines procesionando por las calles de Sevilla.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en el Anuario de la Hermandad Sacramental de Gines - Febrero de 2026

Con mi agradecimiento más especial por su inestimable ayuda a Douglas Inglis y Francisco Amores, archiveros de la Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla.

[1] Este paso fue sustituido en 1993 por el actual. 

[2] AHSG. Actas de Cabildo. 1985. 

[3] AHVCS. Cabildo. Caja 005. Libro de Actas de la 598 (17-09-1984) a la 621 (27-02-1986). 

[4] DIARIO DE SEVILLA: «A la búsqueda del tercer paso», por Juan Parejo. 9 de marzo de 2012.
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En 1921, los niños y niñas de Gines participaron en el templo parroquial en una Comunión pascual realmente masiva, un hecho tan poco usual incluso por aquella época que mereció ser referido en una amplia crónica publicada por El Correo de Andalucía el 27 de abril de ese año. 

La Comunión pascual obliga a los fieles a recibir el sacramento de la Eucaristía al menos una vez al año, preferiblemente en tiempo de Pascua, es decir, desde la Vigilia Pascual hasta Pentecostés. 

Fue así como el 24 de abril, casi un mes después del Domingo de Resurrección de ese año, se celebraba la multitudinaria Comunión. La iniciativa partió del entonces párroco, don Arturo Jiménez, al que secundaron los maestros nacionales y las autoridades locales «con entusiasmo digno de aplauso, que pusieron todo su empeño en que el acto resultase con la mejor brillantez posible». 

Durante la Eucaristía, el propio párroco explicó a los pequeños «la importancia de saber lo que iban a recibir». Ese día comulgaron «unos ciento cuarenta niños y niñas acompañados de sus respectivos maestros, don Manuel Canela y doña Teresa Revuelta, que, dicho sea en honor de ambos, les prepararon antes con grandísimo cuidado y esmero». 

El corresponsal relata que «antes de la Sagrada Comunión y después de ella, cantaron los niños y niñas coplas alusivas al acto y durante ella cantaron motetes con entonación deliciosa y letra preciosísima las distinguidas señoritas Eulalia y Carmen Romero Mazo». 

La pintoresca crónica nos cuenta que la Hermandad de la Virgen Milagrosa, «recientemente establecida en esta localidad» (aunque al parecer disfrutó de una cortísima trayectoria), ofreció a los pequeños un buen desayuno de chocolate, galletas y bizcochos, cantando «los niños himnos patrióticos y las niñas declamando discursitos con bastante soltura y perfección». 

Aquel desayuno se celebró en «uno de los amplios salones de la hermosa finca que los señores Soto poseen» en Gines. Se refiere el cronista a la antigua hacienda La Merced, ubicada donde actualmente se encuentra el colegio Carmen Iturbide. Dicho salón fue cedido por Feliciano Rodríguez y su señora, administradores de dicha hacienda, propiedad del gran filántropo Juan de Dios Soto y del Pozo.

José Rodríguez Polvillo
Publicado en El Nuevo Periódico de Gines - Enero 2026
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En 2026 se cumplen 100 años de la muerte de uno de los hijos más relevantes de la historia de Gines. Bautizado en la pila parroquial de Nuestra Señora de Belén como Amador Pérez Pérez, tras su ingreso en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos siguió la tradición de esta congregación religiosa de mudar su nombre secular, adoptando desde entonces el de su padre (Ramón) y el de su pueblo (Gines), por los que ya sería conocido para siempre. 

Nacido en 1878 en el seno de una familia con una solvente posición económica, fray Ramón ingresó en el convento de capuchinos de Sevilla con 16 años. Su brillantez y altas calificaciones le llevaron a ser designado, incluso antes de ordenarse sacerdote, como profesor y director del colegio de la propia congregación. Convertido ya en presbítero con 21 años, continuó formando a otros religiosos en Filosofía y Teología, destacándose especialmente como predicador gracias a una elocuencia fuera de lo común. 

Tanta fue su capacidad de explicación y transmisión de la fe que pronto dio el paso también a la prensa católica del momento, especialmente en «El Adalid Seráfico», del que fue su director, y participando también en otras publicaciones, de las que fue también un destacado colaborador. 

Ocupó numerosos cargos de relevancia en la orden capuchina, como guardián de los conventos de Sanlúcar de Barrameda y Granada, además de formar parte en varias ocasiones del Definitorio, el principal órgano de decisión colegiada de los capuchinos de Andalucía. 

Unos días después de su fallecimiento, el periódico «El siglo futuro» le dedicaba una extensa necrológica en la que le calificaba como «sabio y virtuosísimo religioso, insigne y fecundo escritor y elocuente y culto orador sagrado». 

Como esbozo de su carácter, pleno de sencillez, el diario destacaba que «nos consta positivamente que pudo y tuvo ocasión de haber sido elevado a una alta dignidad eclesiástica, hace unos cinco años y que su profunda humildad y su amor al retiro del claustro capuchino, hicieron que cortés y tenazmente lo rehusara». El periódico destacó que «su entierro y funeral han sido una inmensa y sentidísima manifestación de duelo a la que han asistido, no sólo todo el pueblo de Gines, sino muchos otros comarcanos con sus párrocos y autoridades. También fueron de Sevilla numerosísimas personas, distinguidos aristócratas e ilustres personalidades». 

Cuando estaba a punto de cumplir los 48 años, su muerte se produjo en Gines el 3 de abril de 1926, Sábado Santo, víspera del día que dio sentido a toda su vida, el de la Resurrección de Cristo. El centenario del fallecimiento de fray Ramón es una invitación a recuperar su obra y su pensamiento, una oportunidad para conocer mejor a uno de los mayores talentos intelectuales que ha dado nuestro pueblo.

José Rodríguez Polvillo 
Publicado en El Nuevo Periódico de Gines - Diciembre 2025
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