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LA TINTA DE LA MEMORIA

José Rodríguez Polvillo

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Fue un sexto premio, pero sin duda tuvo que ser todo un acontecimiento en el pueblo. En 1897 el Sorteo de Lotería de Navidad dejaba un buen pellizco en Castilleja de la Cuesta de manos del número 19.319 [1].

La  prensa de la época nos dejó algunos detalles de aquel hecho, señalando que "a Castilleja de la Cuesta también ha correspondido otro premio" y que "en éste llevaba medio duro una pobre mujer, que ha ido pagando su cuota dando un real diario" [2].

Jugaba por lo tanto aquella mujer dos pesetas y media ("medio duro"), lo que le obligó a hacer nada menos que 10 pagos distintos a razón de "un real diario" para completar el coste de su participación en la Lotería de Navidad de aquel año, lo que deja claro el esfuerzo que tuvo que realizar para ello.

El sorteo se celebró el 23 de diciembre de ese año (no el 22, como ahora) en la Casa de la Moneda de Madrid. En los meses previos se pusieron a la venta 55.000 billetes [3], divididos en décimos, como actualmente. Cada décimo costaba 50 pesetas (0,30 euros actuales), sin duda una importante cantidad para la época, lo que hacía que no todo el mundo pudiera, ni por asomo, comprar un décimo completo. Por esto motivo, estaba muy extendida la compra de participaciones, como la de la "pobre mujer" de Castilleja que resultó agraciada y de la que no conocemos más datos.

Si la información recogida por la prensa es cierta, aquella castillejana de la época jugaba 2,5 pesetas de las 50 que costaba el décimo, de manera que del premio de 25.000 pesetas que recayó a cada décimo de ese número (250.000 pesetas al billete) a ella debió corresponderle la importante cantidad de 1.250 pesetas.

Curiosamente, ese año 1897 fue el primero en el que la denominación "Sorteo de Navidad" apareció impresa en los billetes, como puede verse en la imagen (a la izquierda, en vertical).

Ya entonces, como ahora, la Lotería de Navidad era un negocio muy rentable para el Estado. Producía "la friolera de treinta y dos millones cuatrocientos mil reales, que unidos a los seiscientos cuarenta y ocho mil veinte reales que
tendrán que pagar los poseedores de los billetes premiados por el 1 por 100 de contribución, suman treinta y tres millones, cuarenta y ocho mil veinte reales" [4], es decir, más de 8 millones de pesetas de beneficio para las arcas del Estado.

En cuanto al 'Gordo' (ya se llamaba así) de aquel año, premiado con 300.000 pesetas al décimo, fue para el 13.515, siendo "de los últimos en salir". El comprador fue Manuel Gutiérrez, "comerciante de La Habana", quien había adquirido en Madrid nada menos que 200 billetes enteros para venderlos en Cuba [5]. De él dijo la prensa que "explota el negocio de la lotería nacional, cuya venta de billetes se considera allí ilícita, como lo es aquí la de los billetes de la lotería de Cuba" [6]. Cabe recordar que en estas fechas se estaba produciendo la guerra de la independencia cubana, de manera que lo último que querían los dos contendientes, España y Cuba, era acabar financiando con premios de sus loterías a su propio enemigo, de ahí que fuera ilegal vender lotería española en Cuba.

Muchos años después, en 1975, volvería a tocar el Sorteo de Navidad en Castilleja, en este caso un séptimo premio, que recayó en el 14.907. Entonces fueron 75.000 pesetas al décimo [7]. Más recientemente, en 2014, el 67.009 (cuarto premio) dejó 20.000 euros en la localidad.

Quién sabe si el próximo 22 de diciembre volverá a pasar de nuevo la suerte por Castilleja...


[1] La Correspondencia militar (23-12-1897).
[2] El Imparcial (27-12-1897).
[3] La Época (7-7-1897).
[4] La Iberia (15-12-1897).
[5] El País (24-12-1897).
[6] El Liberal (24-12-1897).
[7] Diario de Burgos (21-12-1975).
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A menudo, cuando se alude a la historia de una Hermandad y a su legado documental, pensamos casi instintivamente en escritos antiquísimos, en muchos casos deteriorados y casi ilegibles, repletos de polvo y almacenados en viejas estanterías esperando que alguien venga a rescatarlos del olvido.
Pero la historia, sin embargo, no sólo se cuenta en ese tipo de documentos, sino que dispone de otras muchas fuentes que no conviene olvidar para disponer de un relato completo y lo más detallado posible del pasado. Una de esas fuentes, no pocas veces menospreciada, es la que constituyen las publicaciones periódicas de todo tipo, en las que puede contemplarse la historia contada con los ojos de la actualidad de cada momento.
Por ello, vamos a detenernos en esta ocasión en varios artículos publicados en el diario ABC a finales de la década de los 70 y principios de los 80 del pasado siglo, en los que se cuenta, con la inmediatez propia de la prensa, lo que entonces era noticia y hoy es historia.
La primera referencia que encontramos es del 10 de octubre de 1979. Bajo el título "La Virgen del Rosario, en El Aljarafe", se alude a las procesiones de Benacazón y Gines con fotografías de ambas imágenes marianas, indicándose que iban acompañadas "por numerosas personas".
En 1982 encontramos varias apariciones más. Así, el 1 de octubre se publicó un artículo firmado por Manuel Carmona y titulado "Comenzaron en Gines los cultos en honor a Nuestra Señora del Rosario". En sus líneas podemos leer lo siguiente: "Estos cultos, cuya homilía estará a cargo del reverendo padre Sixto Santamaría, finalizarán el día 7 del próximo mes, festividad de la Santísima Virgen, en cuya fecha la imagen de Santa Rosalía será trasladada desde su ermita a la iglesia parroquial, desde donde, el domingo, día 10, a las siete y media de la tarde, saldrá en procesión acompañando a la Virgen del Rosario, que recorrerá las calles de la localidad rodeada de cientos de devotos".
Como puede observarse, Santa Rosalía era trasladada por entonces al templo parroquial el mismo día de la finalización de los cultos a la Virgen, mientras que ahora se hace en los días previos. Los cultos en honor a la Santa no se celebraban, por lo tanto, en la parroquia, sino en la ermita que lleva su nombre.
Siguiendo con el texto, vemos que ofrece más detalles curiosos sobre el día de la salida procesional: "Por la mañana, a las ocho, la banda del célebre «Pirraca», con gigantes y cabezudos, tocará diana, para, posteriormente, recorrer el pueblo con la alegría que le es característica. Las bandas de música de Albaida del Aljarafe y Guillena acompañarán a las imágenes de Santa Rosalía y Nuestra Señora del Rosario en su recorrido por las calles del pueblo".
El mismo día de la procesión de ese año, el 10 de octubre, volvería a anunciarse en ABC la salida procesional de "las imágenes de la Virgen del Rosario y Santa Rosalía que recorrerán el pueblo en medio de la devoción que este pueblo aljarafeño les profesa".
Como ya ocurriera en 1979, una vez celebrada la procesión el diario publicó una crónica gráfica que pudo verse en el periódico del 12 de octubre de 1982. Junto a una imagen de la Virgen del Rosario de Santiponce, otras dos fotografías ilustraron la información referente a Gines, una de la delantera del paso de Nuestra Señora del Rosario y su presidencia, y otra del traslado de Santa Rosalía en andas, que tuvo lugar en los días previos.
Por último, en 1983 encontramos otras dos apariciones más de la Hermandad en ABC. La primera, del 29 de septiembre, recoge brevemente un anuncio firmado por Fernando Gelán sobre la Novena ofrecida en honor a la Virgen, señalándose que los cultos "culminarán el día 7 de octubre con un besamanos. Predica el padre Ángel Martín Sarmiento", quien fuera durante años capellán del Real Betis.
La segunda y última reseña de este año se publicó en la edición del 12 de octubre, recogiendo una bella instantánea de Nuestra Señora de Rosario y Santa Rosalía frente a frente en un momento de su recorrido procesional. El texto indica que "ambos pasos iban profusamente adornados con diversas clases de flores, y las calles estaban engalanadas".

Publicado en el Anuario de la Hermandad del Rosario de Gines 2019.
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El 10 de agosto [de 2019] se cumplieron 500 años del inicio de una gesta sin paragón: la Primera Vuelta al Mundo, una iniciativa española que estableció un antes y un después en el conocimiento de la esfera terrestre y de la que ahora se celebra su quinto centenario.

Lo que no es tan conocido es la estrecha vinculación que existe entre la expedición completada por ElCano y la Cruz de Santiago, sin duda uno de los grandes símbolos asociados desde hace siglos con España y los españoles.

La expedición había salido de Sevilla el citado 10 de agosto de 1519 con el objetivo de llegar a las Islas Molucas (o Islas de la Especiería) y obtener así las cotizadas especias de manera directa, sin los tradicionales intermediarios comerciales de Oriente Medio. El viaje estaba financiado por el rey de España, Carlos I, siendo nombrado Fernando Magallanes capitán de aquella armada de la que formaron parte casi 250 hombres.

Gran parte de lo que hoy sabemos sobre el desarrollo de la expedición se lo debemos a Antonio Pigafetta, quien participó en la travesía como un integrante más y actuó como cronista de la misma, tomando notas durante el viaje para publicar, años después , su 'Relación del primer viaje alrededor del mundo'.

Tras un sinfín de infortunios y dificultades narrados por Figafetta, las naos 'Trinidad' y 'Victoria' llegan a Las Molucas en noviembre de 1521. Una vez llenas las bodegas de los barcos, la 'Victoria' zarpa rumbo a España, pero no por el mismo camino que la había llevado hasta allí, sino hacia el oeste, buscando así realizar, por primera vez en la historia, la vuelta completa al globo terráqueo, algo que originalmente no estaba previsto.

Aquella decisión acabaría pasando a la historia, y con ella la Cruz de Santiago, enseña que desde ese momento lució en sus velas la nao 'Victoria' hasta su regreso a Sevilla. Pigafetta, en sus anotaciones del 16 de diciembre de 1521 (justo antes de zarpar de vuelta) lo cuenta de este modo: "Este mismo día pusimos en los navíos velas nuevas, sobre las que pintamos la cruz de Santiago de Galicia, con esta inscripción: ESTA ES LA FIGURA DE NUESTRA BUENAVENTURA".

La 'Santiago', una de las cinco naves
Además del enorme valor simbólico de la Cruz de Santiago ondeando en las velas en su regreso a Sevilla, varios hechos más vinculan la histórica expedición con la devoción santiaguista. Así, como es bien sabido, fueron cinco las naves que partieron del muelle de las Mulas de Sevilla, situado junto al antiguo convento de Nuestra Señora de los Remedios (actual Museo de Carruajes). Una de esas naves, la más pequeña de las cinco, llevaba por nombre 'Santiago', siendo capitaneada por Juan Rodríguez Serrano y tripulada por 31 marineros.

La 'Santiago' era una embarcación del tipo 'carabela', similar a otras dos naves de fama universal: la 'Pinta' y la 'Niña', que participaron en el no menos histórico Descubrimiento de América 27 años antes.

Al contrario que aquellas, la 'Santiago' nunca regresó a España, ya que naufragó el 22 de mayo de 1520 (nueve meses después de la partida) mientras se encontraba haciendo labores de reconocimiento cerca del río Santa Cruz, en la Patagonia (actual Argentina). El cronista del viaje, Antonio Pigafetta, lo cuenta así:

"El navío Santiago, que se había destacado para reconocer la costa, naufragó entre los escollos; sin embargo, toda la tripulación se salvó de milagro. Dos marineros vinieron por tierra al puerto en que estábamos para hacernos saber el desastre, y el capitán general envió inmediatamente algunos hombres con sacos de galleta. La tripulación permaneció durante dos meses en el sitio del naufragio para recoger restos del navío y las mercancías que el mar arrojaba periódicamente a la orilla, y todo este tiempo se les envió víveres, aunque la distancia era de cien millas y el camino incomodísimo y fatigoso, entre espinas y malezas, entre las que había que pasar la noche, no teniendo más bebida que el hielo, el que había que machacar, cosa que costaba gran trabajo". [2]

Aunque Pigafetta señala que no hubo muertos en el naufragio, sí que hubo uno, tal y como se recoge en la posterior 'Declaración de personas fallecidas en el viaje al Maluco', donde podemos leer: "Martes, veinte y dos días del mes de mayo, se ahogó un negro, esclavo del piloto Juan Serrano, el cual se ahogó en el navío de Santiago cuando se perdió". [3]

Tras el naufragio de la 'Santiago', Magallanes distribuyó a su tripulación en el resto de los barcos, nombrando a Juan Rodríguez Serrano (antiguo capitán de la nave santiaguista) como nuevo capitán de la nave 'Concepción', cuyo capitán anterior, Gaspar de Quesada, había sido ejecutado días antes por traidor, al ser uno de los principales cabecillas de un motín que Magallanes logró sofocar a tiempo.

Magallanes y Elcano, santiguistas
Pero las vinculaciones de los expedicionarios con la devoción santiaguista no acaban ahí. Así, el propio Fernando Magallanes, capitán general de la expedición, era Caballero de la Orden de Santiago, como se hace constar en diversos documentos referidos a su persona [4]. Dicho título le había sido concedido por el propio rey de España ya antes de la expedición, quizá para reforzar su autoridad al mando de un importante grupo de hombres que podrían haber recelado de que un portugués estuviese al mando de una empresa tan importante para España.
Como es conocido, Magallanes murió durante la travesía y fue Juan Sebastián Elcano quien decidió realizar el regreso a España no por la ruta por la que habían llegado a Asia, sino continuando hacia adelante, completándose así por primera vez la circunnavegación de la tierra.

Una vez en tierras españolas, Elcano escribe al ya emperador Carlos para pedirle varias mercedes como recompensa por a su hazaña, entre ellas el hábito de caballero de la Orden de Santiago "conforme / e como lo dio a Fernando Magallanes" [5]. El monarca no le otorgará finalmente dicha distinción, pero el interés de Elcano por el legado santiaguista seguiría muy presente hasta su muerte, como demuestra que en su testamento el marino de Guetaria destinase una limosna de seis ducados "a la iglesia del Sr. Santiago de Galicia"[6]

Memoria en Santa Ana
En recuerdo de esta estrecha vinculación de la primera Vuelta al Mundo con la Cruz de Santiago nos ha quedado un bellísimo conjunto de azulejos que puede verse en la Parroquia de Santa Ana, en el barrio sevillano de Triana. Dicho azulejo refleja la nao Victoria navegando con las velas desplegadas y una gran Cruz de Santiago en la vela mayor, además de la ya citada inscripción "ESTA ES LA FIGURA DE NUESTRA BUENAVENTURA". Se encuentra el azulejo bajo la Virgen de la Victoria [7], la misma imagen ante la que rezaron los 18 supervivientes nada más llegar a Sevilla tras su histórico viaje.

El 8 de septiembre de 1522 terminó un viaje que modificó para siempre nuestra visión de la tierra. El puerto de Sevilla fue testigo ese día de una gesta que cambiaría la historia para siempre. La noticia de la Primera Vuelta al Mundo llegó ondeando al viento una enorme Cruz de Santiago.

José Rodríguez Polvillo


NOTAS:
[1] Durante la expedición de Magallanes-ElCano, el rey Carlos convertiría en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

[2] 'Relación del primer viaje alrededor del mundo', por Antonio Pigafetta. 1536.

[3] 'Declaración de personas fallecidas en el viaje al Maluco'. ES.41091.AGI/28.2.24.1//PATRONATO.34.R.11.  Transliteración por Cristóbal Bernal en http://sevilla.2019-2022.org

[4] Real cédula para que los Oficiales de Sevilla apuren cuanto puedan el despacho de la armada de Magallanes. AGI, 41-6-2/25. Recogido en 'El descubrimiento del Océano pacífico : Hernando de Magallanes y sus compañeros : documentos'. Por José Toribio Medina. 1920. 
[5] Carta de Juan Sebastián de Elcano a Carlos I solicitando diversas mercedes, con motivo de su “descubrimiento de la espeçieria'. 1522. Recogida en 'El archivo personal de Juan Sebastián Elcano (1487-1526), marino de Guetaria', por F. Borja Aguinagalde. 

[6] Testamento de Juan Sebastián Elcano, dado el 26 de julio de 1526 estando en la nao Victoria en el mar Pacífico. Falleció apenas unos días más tarde, el 4 de agosto.

[7] La Virgen de la Victoria se encontraba en 1519 en el convento sevillano que llevaba su nombre, situado en Triana y que fue derribado en el siglo XIX tras la desamortización. Tras estos sucesos, la imagen de la Virgen fue trasladada hasta la Parroquia de Santa Ana, donde está actualmente. En dicho convento y fente a la Virgen de la Victoria tuvo lugar el 9 de agosto de 1519 el rito de la entrega de banderas españolas para las cinco naves de la expedición y el juramento de los expedicionarios.

FOTOS:
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Hay momentos en el año que siguen viviendo en el sueño de lo inmarcesible. No es que no haya pasado el tiempo por ellos, es que uno tiene la sensación de que, simplemente, no puede pasar. Y no puede porque el tiempo sólo es afán de los hombres, no de quien lo ha creado, y los hombres sólo parecen ganarle al reloj cuando lo niegan, y se empeñan en hacer hoy lo que un día vieron hacer a sus padres.

No van quedando muchos instantes en los que saborear ahora la autenticidad que heredamos, el gran regalo que nos hizo quien nos precedió en el camino. La procesión del Corpus Christi es, a no dudarlo, uno de esos momentos, una suerte de perfecto equilibro entre Dios, la luz y el tiempo, que se detiene a mirarlos.

Gines ha sabido guardar la celebración en su justa luz, la de la mañana tibia de un verano apenas presentido, la de un día naciente que ilumina sin cegar aún. Una caricia de sombra divina matiza la cal de las fachadas, que nunca han estado tan alegres como cuando el más ilustre invitado viene a verlas. Rodilla al suelo al paso de Dios, que hasta las calles han pedido prestadas flores y romero para mudarse en alfombra.

Balcones de colchas flecadas y reposteros del color del vino honran también a la Eucaristía, como lo hacen los altares que jalonan el camino. No esperarán a los ojos rezagados, no, porque no nacieron para ser admirados, sino para dar reposo a quien fue espiga antes que pan y uva antes que vino.

El pueblo hace efímera la fiesta en busca de Eternidad, bendita paradoja que sólo comprende quien sabe que el tiempo es ajeno a lo sagrado. Pero volverá de nuevo, porque nadie como Gines entiende que Dios puede estar escrito también en la luz de una mañana de Corpus...

Dios está escrito en la luz 
de la mañana naciente, 
y en la palabra dicente 
de quien implora salud. 
Pinta los cielos de azul 
Jesús Sacramentado, 
y nunca los vi tan claros
como lucen ese día, 
cuando hecho Eucaristía 
sigo sus pasos sagrados.
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El 18 de octubre se cumplen 300 años de uno de los hechos que se sitúan en los mismos orígenes de la devoción a Santa Rosalía en Gines. Ese día, pero de 1718, a la una del día, Fernando Pérez de Vargas, criado de Juan José del Castillo, cayó por dos veces en un pozo de la hacienda de Santa Rosalía (hoy, El Tronío), resultando ileso por intercesión de la Santa (a la que se encomendó), según el relato que nos ha llegado hasta la actualidad.

En recuerdo de estos hechos, que a buen seguro debieron entenderse en el Gines de la época como un auténtico milagro, se mandó hacer un azulejo que relatase aquella historia y se situó junto al pozo donde ocurrió. Con toda probabilidad fue el propio Juan José del Castillo quien ordenó su colocación, como devoto que era de la Santa y propietario de la hacienda donde sucedió todo. Con ello, probablemente perseguía varios propósitos. El primero, dar gracias a Santa Rosalía por su intercesión. El segundo, perpetuar el recuerdo de aquel hecho que a buen seguro juzgaría como milagroso. Y el tercero, pero no menos importante, contribuir a la difusión en Gines de la devoción a la Santa de Palermo, que él mismo había traído a la localidad tras su paso por Italia.

El conjunto de azulejos constaba de varias piezas: la de mayor tamaño, situada en el  centro, relataba detalladamente los hechos del 'milagro'. A ambos lados de este elemento central se situaban dos imágenes del escudo del propio Juan José del Castillo. Coronando el grupo de azulejos había una pieza más con una imagen de la Santa y la inscripción "Con un Ave María se ganan 40 días de indulgencias".

La pieza principal decía literalmente así: "En 18 de octubre de 1718 a la vna del dia caio en este poço Fernando Peres de Vargas criado de d.Jvo Jph del Castillo, dveño de esta hacienda, i abiendo estado media ora sin verlo, sacandolo, llegando cerca del borcal se le solto la soga a i bolbio a dar abajo i abiendolo sacado se hallos(in) i a las mas lebe lecion i dij(o) qan(do) iba caiendo se (e)ncomendo a ssta. Rosalía por cvia intersecion qdo tan libre como si no vbiera caido".

Con el discurrir de los años, el azulejo, situado originalmente en la hacienda de Santa Rosalía, donde ocurrieron los hechos, fue trasladado a la cercana hacienda del Santo Ángel, donde estuvo colocado en el patio más cercano al señorío hasta su lamentable desaparición poco antes de la expropiación del edificio. Perdido el azulejo, nos queda la fotografía que acompaña a este artículo, realizada en su día por Matías Payán Melo, al que agradezco enormemente su amable cesión.

Este azulejo no era, sin embargo, el primer gesto que Juan José del Castillo realizaba en Gines para dar a conocer a la Santa entre las gentes del lugar. De hecho, había bautizado con su nombre la hacienda de su propiedad, situada en pleno centro, y anteriormente a 1708 había donado a la Parroquia un cuadro de Santa Rosalía, posiblemente la primera representación en nuestro pueblo de la doncella palermitana. Del mismo modo, había promovido también los primeros cultos realizados en Gines a la Santa, allá por 1716.

A todo ello le seguiría el 'milagro del pozo', en 1718, y el enorme colofón de la construcción de la ermita en honor a Santa Rosalía, cuyas obras terminaron en el consabido y emblemático 1723. Con todo ello se fraguaron los orígenes de su devoción en Gines, que tres siglos después mantiene viva su fe en la Santa de Palermo.

Artículo publicado en el anuario de la Hermandad del Rosario y Santa Rosalía de Gines de septiembre de 2018
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Lejos del bullicio de una plaza vestida de fiesta, alejado de aquel bendito estallido con sabor a pueblo, allí donde el suelo que pisamos muda su piel para volver a ser lo que alguna vez fue, el caminante se presiente ya, al fin, peregrino.

Casi sin darse cuenta, y al abrigo de la ruta que le marca el sendero, va ganándole terreno a la vida impostada de diario, y empieza por desdibujarla llenando de arena sus zapatos, que ya no pisan el firme de los hombres, sino el del mundo.

Lo cierto es que nunca se sabe en qué momento se deja de mirar como espectador para empezar a hacerlo como peregrino, como no se sabe tampoco cuándo se deja de contemplar la romería para convertirse en parte de su paisaje.

No ha hecho más que comenzar, sí, pero ya nota el anhelo callado que le asoma en la mirada. Y ni siquiera se sorprende de verse a sí mismo donde antes veía a otros...

Los días van tostándole la piel de las certezas y le ayudan a encontrar respuestas en el solaz de un banco de arena. El polvo merodea audaz en su garganta, quizá para decirle que el silencio también es un buen compañero en el camino. Anda cansado, sí, pero nunca ha tenido tan claro que las fuerzas son siempre menos que las ganas para un corazón en búsqueda, aunque el suyo, a no dudarlo, es ya un latido distinto.

Fue de madrugada, cuando el camino se hace descanso, cuando la oscuridad deja ver más claro lo que de verdad importa. El cuerpo, vencido por un día inabarcable, le pedía reposo, pero ya se sabe que el buscador de esperanza tiene ante sí la mayor tarea del mundo, de este mundo, y que la duermevela también es buen momento para aprender a sentir la vida como una gran víspera. 

Comprendió después que si el camino es la metáfora del rociero, el regreso es su gran paradoja: la geografía dice que vuelve sobre sus pasos, pero el peregrino sabe que, tras verla, ya nunca retornará al punto de partida de su alma, y que el sendero es, ya para siempre, de ida hacia la Virgen.

Artículo publicado en el anuario de la Hermandad del Rocío de Gines de abril de 2018
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Se reproduce a continuación el artículo escrito por JRP y publicado en la página web de la Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol sobre la recuperación para su Archivo de importante documetación histórica.

1900-1931: Tres décadas de litigio para recuperar los bienes expoliados a la Hermandad durante las desamortizaciones del siglo XIX 

Recientemente, y tras las gestiones realizadas con el Archivo Histórico Nacional, la Hermandad Sacramental de Santiago Apóstol de Castilleja de la Cuesta ha incorporado a sus fondos una importante documentación histórica sobre la desamortización de sus bienes en el siglo XIX.

Antes de entrar a fondo en explicar los pormenores de esta documentación recuperada, conviene detenerse, aunque sea brevemente, en reflejar en qué consistió el proceso desamortizador y cómo se articuló a nivel nacional. En la práctica, la desamortización consistió en la expropiación forzosa de numerosos bienes a sus legítimos propietarios, entre ellos el clero, las órdenes militares y las cofradías.

En realidad, existieron varias desamortizaciones, siendo las más importantes y significativas la de Mendizábal (1836) y la de Madoz (1855), aunque no fueron ni mucho menos las únicas. Por hacernos una idea, la Ley de Madoz indicaba en su artículo 1.4 que se declaraban “en estado de venta (…) todos los predios rústicos y urbanos; censos y foros pertenecientes a cofradías, obras pías y santuarios”. Y no sólo se expoliaba así a sus legítimos poseedores, sino que además se contemplaba también la venta de los bienes que las hermandades (entre otras instituciones) pudiesen recibir en el futuro por medio de nuevas donaciones (artículo 26).

Los promotores de las sucesivas legislaciones desamortizadoras trataban de presentarlas públicamente como intentos de modernizar el país mediante la puesta en venta de propiedades baldías y otras hasta entonces en “manos muertas”. Lo cierto es que en la práctica estas leyes no sirvieron para incrementar el número de pequeños propietarios, como se decía, sino para entregar las propiedades a manos de otros grandes propietarios diferentes, mayoritariamente aristócratas y burgueses, consolidando con ello a nivel nacional el régimen liberal-capitalista ya instaurado y promotor de las propias desamortizaciones, que se convertían así en un auténtico expolio perpetrado por el Estado contra propietarios legítimos.

Centrándonos en la documentación que se incorpora ahora a nuestro archivo histórico, hay que reseñar que se trata de un expediente completo instruido por la Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado, dependiente del Ministerio de Hacienda, en el que la Hermandad reclama sus bienes expropiados.

La primera anotación recogida en el expediente tiene fecha de 24 de agosto de 1900 y se refiere a la instancia presentada ante la citada Dirección General por parte de Juan Becet y Mascarós como “apoderado de la Hermandad del Santísimo Sacramento establecida en la parroquia de Santiago de la villa de Castilleja de la Cuesta, Sevilla”, en la que solicita “el pronto despacho del expediente que dicha Hermandad tiene en tramitación en reclamación del capital y rentas de sus bienes de los cuales se incautó el Estado en virtud de las leyes desamortizadoras”.

Efectivamente, en el Acta Capitular del 8 de febrero anterior la Hermandad había aprobado “dar amplias facultades al hermano mayor D. Manuel Oliver Oyega para que en revocación de todo mandato anterior confiera poderes a favor de D. Juan Becet Mascarós vecino de Valencia en residencia accidental en Madrid al intento de que el apoderado en representación de esta Hermandad pueda hacer, practicar y formular ante las Direcciones Generales (…) cuantas peticiones oficiales y extraoficiales sean necesarias referente a las acciones, derechos e interés de la expresada corporación hasta conseguir el reconocimiento y cobro del capital, renta e intereses vencidos y no cobrados que se adeuda a dicha hermandad, en equivalencia a los bienes que la misma poseía y de los que se incautó el Estado en virtud de las leyes desamortizadoras”.

De todo ello cabe deducir que las gestiones de la Hermandad ante la Administración debieron iniciarse anteriormente a esta fecha de 1900, ya que la mencionada instancia tiene como objetivo reclamar celeridad en la resolución de una reclamación ya presentada previamente.

La mayor antigüedad del inicio de las gestiones se confirma en la relación que se expresa después de la documentación obrante en un expediente anterior (distinto del iniciado en 1900 a instancia de Juan Becet). Así, se cita un “poder e instancia del primer apoderado D. Carlos de Torres y Daza”, al parecer la persona que inició el proceso de reclamación en años anteriores ante la delegación de Hacienda en Sevilla, “solicitando que a tenor de lo dispuesto en la ley de 11 de julio de 1856 se indemnizase a dicha corporación del importe de sus bienes vendidos por el Estado”.

En esta relación de la documentación del primer expediente destacan dos anotaciones más: primero, una certificación de la Intervención haciendo constar que no figura pago alguno a la Hermandad hasta esa fecha por cuenta de sus rentas (por lo que seguía siendo legítima la reclamación en curso); y segundo, una relación “de los censos que pertenecieron a la Hermandad y de los cuales se incautó el Estado”. Este último documento sólo aparece citado en el expediente recuperado ahora, ya que se incluía en el otro expediente, el inicial, lo que no nos permite conocer de momento cuáles fueron, en concreto, los bienes de la Hermandad que fueron desamortizados.

A partir de aquí, el expediente se llena de farragosos trámites burocráticos que dilatan de manera continua la resolución de la reclamación, produciéndose en los años siguientes varias remisiones del expediente entre distintas instancias administrativas con el supuesto objetivo de completar la documentación.

Así, el 1 de septiembre de ese mismo año 1900 se remite el expediente a otra Dirección General, en este caso la de lo Contencioso del Estado, para que informe sobre si era o no suficiente la documentación presentada para justificar que Juan Becet era realmente apoderado de la Hermandad, toda vez que existía un poder anterior a favor de Carlos de Torres, que fue quien inició la reclamación a favor de la Hermandad. Como era de prever, el 25 de septiembre siguiente la Dirección General de lo Contencioso resuelve informar que el poder a favor de Juan Becet es suficiente para acreditarle como legítimo representante de la Hermandad en la reclamación.

Después de este trámite, el expediente vuelve a la Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado, que a su vez acuerda (14 de diciembre de 1900) solicitar a la provincia que cumplimente diferentes informaciones, entre ellas que el Prelado de la Diócesis indique si la cofradía debe considerarse como institución laical o eclesiástica, que se amplíe la certificación que acredita que la Hermandad ha percibido o no cantidades por renta de sus bienes desde la desamortización, y que se determine la fecha exacta de la incautación. Nada menos que tres años (noviembre de 1903) tardará en recibirse el oficio del Prelado en el que se indicaba que la cofradía debía ser considerada una institución laical. Pese a esta enorme lentitud, tardaría más incluso en llegar una nueva certificación (abril de 1905) en la que se indicaba que "no se ha satisfecho cantidad alguna a la Hermandad", algo que, por otra parte, ya constaba documentalmente en el primero de los expedientes relativos a este asunto, al que se hace referencia al inicio de este segundo expediente.

El 21 de agosto de 1905, la Dirección de General de Contribuciones, Impuestos y Rentas determina remitir de nuevo la documentación a la Delegación Provincial de Hacienda ya que no se había determinado "con toda exactitud la fecha de incautación por el Estado de los bienes de la Hermandad ni dado vista de la liquidación al Prelado al objeto de que preste su conformidad o alegue lo que estime oportuno".

Llegados a este punto, el proceso entraría en un nuevo periodo (otro más) de profundo estancamiento. La administración seguía sin resolver la reclamación y el tiempo seguía pasando sin que la Hermandad obtuviese respuesta, ni positiva ni negativa.

Ocho años después de esta anotación de 1905 en el expediente, y sin que por parte del Ministerio se hubiera resuelto nada al respecto, en noviembre de 1913 el entonces hermano mayor, Manuel Sánchez Baito, presenta un nuevo escrito instando a que se resuelva el expediente de una vez por todas. Pretendía con ello reactivar el proceso, algo que la Hermandad había tenido que hacer, al menos, dos veces más anteriormente ante la incapacidad administrativa para dar una respuesta al asunto de manera definitiva.

En enero de 1914 se decide remitir la instancia de Sánchez Baito a la delegación de Hacienda en Sevilla por encontrarse allí el expediente, algo que, sin embargo, no serviría tampoco para acelerar el proceso lo más mínimo. Tanto fue así que dos años después (enero de 1916) sería el nuevo hermano mayor, José Perona Estrada, quien tuviese que solicitar al Negociado de Excepciones un certificado que justificase que dicha institución había remitido en 1905 a la delegación provincial de Hacienda el expediente en cuestión, ya que dicha documentación “desapareció en el incendio ocurrido en aquellas oficinas en julio de 1906”. La Hermandad formulaba dicha petición “con el fin de formular la necesaria reclamación para que se reconstituya dicho expediente”, con lo que un desafortunado incendio prácticamente nos devolvía al inicio del proceso después de tantos años de litigio.

El certificado para la Hermandad sería concedido en julio de 1916, pero el asunto de fondo volvería a caer en el sueño de los justos durante un buen puñado de años más. Así, la siguiente y última documentación obrante en el expediente es nada menos que de 1931. Habían pasado 15 años desde la anterior y más de 30 desde el inicio de todo el proceso.

Este último documento, con el que acaba el expediente, tiene fecha de 28 de febrero de 1931, y mediante el mismo la Dirección General de Propiedades y Contribución Territorial del Ministerio de Hacienda solicita a la delegación provincial de Sevilla “que se remita a la misma, debidamente ultimado, el expediente que ha debido instruirse, y poder en su día someterlo a la resolución de la Comisión Mixta creada por R.D. de 25 de julio de 1920”. Se cierra así, sin ninguna resolución ni positiva ni negativa, el expediente en cuestión. En abril de ese año 1931 se proclamaba la II República, que desde luego no parecía la época más propicia para seguir adelante con la reclamación debido a las disposiciones legales adoptadas por el nuevo régimen hacia las instituciones religiosas.

Más de treinta años después, aquel litigio por recuperar los bienes expoliados por el Estado a la Hermandad no lograría alcanzar su objetivo, quedando definitivamente aparcado. La enorme lentitud de la burocracia y hasta un incendio que destruyó los expedientes jugaron en contra de un proceso en el que, tratando de hacer valer su derecho, la corporación hizo lo indecible por recuperar lo que en justicia le correspondía.

José Rodríguez Polvillo
Archivero de la Hermandad Saramental de Santiago Apóstol

de Castilleja de la Cuesta
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En vísperas de Nochebuena, he tenido el honor de pronunciar el VII Pregón la Navidad de Gines, una de esas citas que, pese a realizarse desde hace relativamente poco tiempo, guarda la esencia de lo inmutable.


Mi gratitud infinita a la Hermandad Sacramental por depositar, una vez más, su confianza en mí y por ser siempre una de mis principales puertas abiertas a Gines.

Gracias muy especialmente a mi amigo Carmelo Camino, inmejorable presentador y pregonero del año pasado, por sus palabras de cariño en la antesala del pregón.

Y mil gracias a todos y cada uno de los que os acercasteis a la Parroquia de Nuestra Señora de Belén para compartir conmigo unos instantes de Navidad...

El pregón lleva por título 'LA LUZ ESPERADA' y podéis leerlo completo pinchando aquí.

O si lo preferís, podéis verlo a continuación en este vídeo grabado por los compañeros de Gines TV.


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